Por una Europa de los valores

euroEl presidente de la Comisión Europea se puso el uniforme político y apostó por la Europa de los valores: libertad, igualdad y Estado de derecho. Carga de profundidad contra Turquía por su violación de la libertad de expresión y
encarcelamiento de periodistas; crítica implícita a Hungría y Polonia, pese a que en el discurso buscó el entendimiento entre el Este y el Oeste; e incluso como hizo ante los medios tras su alocución en el Parlamento Europeo, dureza frente al secesionismo catalán anteponiendo el principio de legalidad y el respeto a las instituciones estatales (las Cortes y el Tribunal Constitucional) frente al golpe de Estado de la Generalitat y su anunciado referéndum ilegal para el 1 de octubre. Juncker también dejó claro que en caso de que haya una
Cataluña independiente, dejará de ser miembro de la UE y tendrá que pedir y negociar su adhesión al club de los 28.

El experimentado político luxemburgués desgranó al fin cuál es su escenario para la Europa del futuro. No se decantó por ninguno de los del Libro Blanco. Juncker quiere una Europa unida y más integrada sin círculos concéntricos. Quiere el euro para todos excepto para Suecia y Dinamarca, que siempre se han desmarcado de la moneda única; un espacio Schengen ampliado a Bulgaria, Rumanía y a medio plazo a Croacia; así como una invitación a que todos los socios comunitarios se sumen a la Unión Bancaria.

Juncker busca una Europa más fuerte a través de una mayor integración del Mercado Único y a una Unión Económica y Monetaria más intensa. Se mostró partidario del voto por mayoría cualificada para cuestiones fiscales. Un brindis al sol pues requiere del acuerdo de los 28 y es difícil que Irlanda esté dispuesta a subir el impuesto de sociedades o Luxemburgo a endurecer su laxitud en política fiscal.

El presidente del Ejecutivo comunitario quiere un ministro europeo de Finanzas que coordine los instrumentos financieros de la UE, presida el Eurogrupo, sea vicepresidente de la Comisión y rinda cuentas ante el Parlamento Europeo. Se distanció con esta sugerencia de la idea francesa de un legislativo para la Eurozona.

Pero el presidente de la Comisión no quiere solo una Europa de los mercaderes y abogó por el pilar social de la UE para evitar el dumping y la fragmentación social, pese a las escasas competencias de las instituciones europeas, y lanzó la idea de crear una autoridad laboral europea.

Dar el salto cualitativo hacia los Estados Unidos de Europa. 

La fortaleza de la UE también debe proyectarse en la lucha contra el terrorismo con una unidad de inteligencia europea que garantice el intercambio de información entre los servicios de inteligencia y la policía. Una idea necesaria pero compleja de ejecutar por la falta de confianza entre algunos Estados miembros.

Por el último, la robustez de Europa debe reflejarse en una UE con más voz como actor global con una política exterior más ágil y una Europa de la Defensa. 

Ante las elecciones europeas que se avecinan en 2019, el veterano político federalista quiere dejar su impronta y subrayó su implicación por una Europa más democrática con listas transnacionales para los comicios europeos; convenciones democráticas a nivel nacional entre la sociedad civil y los poderes nacionales, regionales y locales y, por último, la fusión de los cargos de presidente de la Comisión y del Consejo Europeo que ayudaría a un mejor entendimiento de las instituciones si, como subrayó Juncker, un solo capitán pilotase la nave europea.

Juncker también subrayó las diferencias entre la UE y la América de Trump con su impulso al libre comercio entre Europa y Mercosur, Australia y Nueva Zelanda con la negociación de futuros tratados. Sin embargo, el presidente
comunitario hizo un guiño a Macron al citar el control a la inversión extranjera en sectores estratégicos europeos. Donde Europa también se distancia de EEUU y quiere seguir siendo líder es en la lucha contra el Cambio Climático.

En cuanto a otro de los grandes problemas que preocupa a los europeos, la inmigración y los refugiados, Juncker destacó los éxitos de su gestión de la crisis con el descenso de los flujos irregulares de inmigración tanto desde el
Egeo como desde la ruta del Mediterráneo Central, donde quiso felicitar a Italia por su trabajo, pese a la asignatura pendiente del retorno de la inmigración ilegal.

El presidente de la Comisión quiere pasar a la acción y tener los deberes hechos el 30 de marzo de 2019, un día después del adiós británico. Apostó por celebrar una Cumbre de los 27 Jefes de Estado en la ciudad rumana de Sibiu para fijar el rumbo definitivo de cara a las elecciones europeas de mayo de ese mismo año. Quizá sea el momento de dar el salto cualitativo hacia los Estados Unidos de Europa.

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