Terremoto en Berlín, grado seis en la escala política

berlinÉrase una vez un país, una potencia, que llevó a la humanidad a la tragedia más grande que vivieron los tiempos. Una vez derrotado,

el país fue dividido en cuatro zonas de ocupación. En el Occidente, los EEU, el Reino Unido y Francia permitirían la formación de la que sería muy próspera, muy pacífica y muy democrática Republica Federal.

La capital se instaló en Bonn, “la aldea federal” un pequeño pueblo universitario que fue ejemplo de modestia y de serenidad para el mundo. Konrad Adenauer, el padre de la nueva RFA que odiaba todo lo prusiano, consideraba que Alemania debía ser dirigida desde una aldea y puso la capital provisional, hasta que se consiguiera la reunificación, donde tenía la casa de veraneo cuando era alcalde de la cercana Colonia.

Y en ese modesto lugar a orillas del Rin convivieron durante los años del milagro económico los tres partidos, la democracia cristiana, los socialdemócratas y los liberales, que ejercían de bisagra y, a veces, daban alguna puñalada, como cuando retiraron su apoyo al SPD de Helmut Schmidt y se lo dieron a un democristiano gris, un tal Helmut Kohl. Cosas de la política. 

Pero en los años 80 del siglo pasado, el país, pequeño y muy poblado, absolutamente industrializado, estaba a punto de estallar por la lluvia ácida, la contaminación del aire y de las aguas y surgieron los Verdes, ecolo-pacifistas que también se oponían a la confrontación Este-Oeste. 

Ya eran cuatro. En 1990, con la unificación, con la desaparición de la RDA levantada bajo la ocupación soviética, surgió el Partido del Socialismo Democrático sobre los restos del Partido Socialista Unificado (Partido Comunista Único) de la extinta República. No eran exactamente nostálgicos del régimen anterior, sino que se oponían a ser arrollados por el Oeste capitalista y vencedor.

Luego se fusionaron en La Izquierda con los descontentos de la socialdemocracia, opuestos a las duras reformas laborales de Gerhard Schroeder, que dejarían allanado el camino para la recuperación económica a Angela Merkel.

Ya eran cinco. El PDS era un partido-protesta, sobre todo en el Este alemán que todavía no ha cerrado las heridas de la unificación, donde el paro sigue siendo más alto y las rentas son inferiores a las del Oeste.
Ahora ha sido sustituido en esa región por la Alternativa por Alemania.

AfD nació de una revuelta del espíritu alemán contra la Unión, del sentimiento de un ciudadano medio contra el Euro, contra la disolución del sagrado Marco alemán en la moneda única y a las transferencias hacia los “pobres” del sur. Y hace dos años se relanzó con su oposición a la entrada masiva de refugiados. 

Muchos abstencionistas han dado su voto ahora a esta formación. No faltan entre sus militantes los que niegan el Holocausto o que aseguran que Polonia invadió Alemania, y por eso Hitler tuvo que responder.

Ya son seis los partidos en el nuevo Bundestag, tras el temblor de tierra del domingo 24, con epicentro en el viejo reino de Sajonia, en la ex RDA, donde AfD es la primera fuerza. ¡Qué pena! En la gran ciudad de la región, Leipzig, comenzaron en el otoño de 1989 las históricas manifestaciones de los lunes que acabaron con la caída del muro de Berlín. Ahora, en la hermosísima Görlitz, una de las pocas ciudades alemanas que quedaron intactas en la Segunda guerra mundial, que se ha renovado con la unificación, pero que hoy sigue semivacía, y en la llamada Suiza Sajona es donde la AfD ha conseguido más votos por distrito de toda Alemania, 32,4% en la primera y nada menos que 37,4 % en la segunda.

La unificación alemana, no cerrada 27 años después, provoca ondas que sacuden a todo el país. Comparado con otros países del entorno, Alemania es o era Suiza, una isla de serenidad, decíamos en una crónica anterior.

La agitación política no es buena, es horrible, lo sabemos nosotros. Pero, quizá, tanta serenidad, la falta de ideas para afrontar los problemas, que los hay a decenas, no es bueno. Está claro que los grandes partidos, democracia cristiana y socialdemócratas, junto con verdes y liberales suman una amplísima mayoría de votos, pero también que los primeros han sufrido fuertes recortes. Medio millón de votos socialdemócratas se han ido al AfD. Millón y medio de votantes democristianos han optado por los más conservadores liberales. Los dos grandes
están en los niveles más bajos en sesenta años. Berlín ya no es Bonn. Definitivamente. Gobernar con tres partidos no es lo mismo que con seis.

Ahora, Merkel girará seguramente hacia la derecha para recuperar los votos perdidos por ese sector. Y, más todavía, su socio de la CSU, el presidente de Baviera, Horst Seehofer, que tiene elecciones regionales el año próximo. Los de por sí muy conservadores bávaros han perdido un 10% de votos y eso que han sido muy críticos con Merkel por la apertura de fronteras a los refugiados, una de las causas de esta hemorragia de votos.

“Hay que cerrar ese flanco”, ha dicho el jefe de gobierno de Munich, como si de una orden militar se tratara. os dirigentes de la AfD aseguran que han sido provocadores y que lo van a ser más en el Bundestag. Curioso, muy curioso, que de una campaña aburrida como pocas, “langweilig” se decía continuamente en alemán, sin puntos fuertes, sin matices, ha surgido una conmoción que va a marcar la vida política alemana en los próximos años. Ahora se habla de “Es wird spannend”, va ser tenso, interesante. De momento, se pegan entre ellos. Se van los más “moderados”, Frauke Petry, elegida por cierto por Sajonia, y se quedan los más radicales.

El cineasta alemán Rainer Wender Fassbinder era muy narrativo en los títulos de sus películas: “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” o “El amor es más frío que la muerte”. Ahora podríamos titular: “La amarga victoria de Angela Merkel”. O mejor: “La fragmentada República de Berlín”.

La vieja-nueva capital no es ya, en lo político, la aburrida, pero serena y deliciosa Bonn. El terremoto de intensidad media en lo político, de grado seis, con el complejo Bundestag que ha surgido de unas elecciones que se prometían anodinas, ha abierto grietas en el viejo Reichstag, por donde se ha colado la arrogancia, el odio. Lo peor de la historia alemana.

 

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