La sombra de Lutero sigue partiendo a Europa . El norte mira con superioridad moral al sur

LuteroLutero provocó el mayor cisma en el seno de la Cristiandad. Sus tesis sirvieron de base para la instauración del capitalismo, así como para la exacerbación del nacionalismo germánico. Medio milenio después, la Europa del norte mira a los países del sur del continente con superioridad moral y Alemania ejerce un incuestionado liderazgo sobre la Unión Europea. 

Alemania está celebrando como nunca los 500 años de las famosas 95 tesis de Lutero, clavadas supuestamente en las puertas de la iglesia de Wittenberg. Era la noche de Difuntos de 1517 y la fecha ha quedado ya consagrada como el inicio del mayor cisma en el seno de la Cristiandad, principio asimismo de dos siglos de luchas que desangraron y dividieron a Europa, y que abrieron una profunda brecha política norte-sur que perdura hasta nuestros días.

Los hechos fueron probablemente mucho menos épicos. Para empezar, ni siquiera es verdad que fueran 95 las tesis del Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias del entonces monje agustino. Lyndal Roper, autora de la extensísima biografía Martín Lutero. Renegado y Profeta, analiza los dos originales que se conservan y en ninguno aparece la cifra de 95. El número exacto sería, en realidad, 87 y el error se debería al impresor, que las contó mal. Tampoco está probado que efectivamente clavara las tesis en las puertas de la iglesia, pues parece que lo más probable –aunque claro, mucho menos épico- es que las expusiera en una simple carta dirigida a su obispo de Maguncia.

El monje agustino, nacido en Eisleben en 1483, iniciaba con su gesto de crítica al Papado de Roma por la concesión de indulgencias a cambio de dinero la reforma de la Iglesia Católica, ansiada especialmente por los poderosos príncipes alemanes. Su apoyo a las tesis de Lutero suponía, al mismo tiempo, el cuestionamiento de la autoridad del emperador Carlos V, cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico.

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El descubrimiento de la imprenta por Gutenberg (1436) y su avanzado desarrollo en aquel 1517 propició que en apenas dos semanas el documento de Lutero llegara a todas las parroquias de Alemania, los Países Bajos, Flandes e Inglaterra.

Como nobles señores feudales que eran, vieron en la reforma luterana la oportunidad de sacudirse tanto la tutela del Papado de Roma como la imperial, encarnada por un emperador instalado en una España católica, dominadora entonces del mundo. Carlos V encabezó la Contrarreforma. Europa se sumió en las llamadas Guerras de Religión durante dos siglos. El continente se desangró, especialmente España, cuyas riquezas procedentes de sus posesiones americanas sirvieron para enriquecer a banqueros, intermediarios y fabricantes de armas.

Invención del capitalismo

Al pueblo llano, sin embargo, los poderosos le vendieron las partes más atractivas de las tesis: la libre lectura e interpretación de la Biblia; la relación directa entre Dios y el hombre, sin intermediación; y la ética del trabajo como nueva forma de honrar al Señor. Esta última abría el camino para que la acumulación de riquezas no solo no fuera condenable, de acuerdo con la moral católica, sino que se considerara como una auténtica bendición celestial. Las tesis luteranas sirvieron, pues, de base para la instauración y expansión del capitalismo, y el consiguiente despegue económico de los países que las adoptaron frente a los católicos del sur de Europa.

María Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y Leyenda Negra, escribe: “Es en tiempos de Lutero cuando el adjetivo welsch –una denominación geográfica poco precisa para referirse al sur- pasó a significar latino o románico, y malvado e inmoral al mismo tiempo”.

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Para esta filóloga, la tan admitida “libertad luterana” no resiste una mirada cercana y libre de prejuicios. Así, demuestra que Lutero se puso al servicio de los príncipes alemanes cuando estos hubieron de hacer frente a las gigantescas revueltas de la Guerra de los Campesinos. Lutero les alienta a que los exterminen: “contra las hordas asesinas y ladronas mojo mi pluma en sangre, sus integrantes deben ser estrangulados, aniquilados, apuñalados en secreto o públicamente, como se mata a los perros rabiosos”.

Le hicieron caso, porque más de 100.000 campesinos fueron asesinados en aquella primera revuelta, preludio de las muchas guerras que seguirían. Lutero se erigía así en defensor de una oligarquía que prolongaría el sistema feudal en Alemania prácticamente hasta principios del siglo XIX.

Padre del nacionalismo germánico

Cabe también atribuirle a Lutero la exacerbación del nacionalismo germánico. No es una afirmación de ningún latino rencoroso, sino del filósofo alemán Karl Jaspers, para quien el modelo nazi está prefigurado en Martín Lutero. Desde luego, sus escritos acerca de los judíos no desmerecerían lo más mínimo las instrucciones de la denominada Solución Final: “Debemos prender fuego a sus sinagogas y escuelas, sepultar y cubrir con basura a lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza”. El monumental trabajo de Thomas Kaufman, Luther´s jews. A journey into Anti-Semitism, dibuja una personalidad obsesionada más por el exterminio de los judíos que por el sometimiento de los católicos latinos.

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La decadencia y derrota final del Imperio Español fue decisiva tanto para afianzar el triunfo del luteranismo y sus derivados como para consagrar al antiguo monje agustino como paladín de las libertades. Roca Barea se lamenta de que esta visión, parte por tanto de la Leyenda Negra antiespañola, haya sido aceptada incluso por muchos intelectuales españoles. Así, cita lo que escribe Emilio Castelar en su Historia de 1883: “A Lutero le debemos nada menos que la justicia y el derecho. Gracias a él, padre de la libertad religiosa en Europa, hemos roto nuestras cadenas”.

Medio milenio después de aquel gesto, lo cierto es que la Europa del norte, con mayores rentas que los países del sur del continente, mira a estos con desdén y superioridad moral luterana. Se mantiene aún el cliché de la ética del trabajo protestante frente a la de la supuesta vagancia contemplativa y consiguiente dependencia de los territorios tradicionalmente católicos. Una visión que, a día de hoy, se traduce en el incuestionado liderazgo de Alemania sobre la Unión Europea, el único proyecto en los últimos dos mil años por conseguir que Europa sea una gran potencia, pero unida mediante la libre voluntad de adhesión de sus miembros.

Imagen de portada: Escultura de Lutero, junto a la Iglesia de Nuestra Señora de Dresde, Alemania.

 

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