Un cuento político De la serie: La alegría de la huerta

politicaPongamos que estamos un país de nuestro entorno, porque vistas desde fuera las cosas se ven mejor. Decía Tennesee Williams que, lejos de casa, las cosas son como son, no metidos en la meleé de gestos y declaraciones que turban el entendimiento, y más en estos tiempos de Tuiteo.

Pongamos que hay o había, como en la mayoría de países democráticos, dos partidos tradicionales, A, Acomodados, de centro derecha y B, Bienpensantes, de centro izquierda, que se han ido alternando en el poder en las últimas décadas.

La  corrupción ha tumbado a A, que estaba en el gobierno. La crisis tumbó a B cuando estaba en el poder. Surgieron  nuevos partidos populistas, los C, Constitucionalistas, de centroderecha o de derechas, quién sabe, y D, Descamisados, aunque algunos viven en las afueras, pero no en adosados, quién sabe.

Hasta hace poco, los Descamisados iban en cabeza, tal era el enfado de la población. Luego, fueron sustituidos en las preferencias por los Constitucionalistas debido a las tensiones independentistas en un rincón del Reino. Eran más firmes que nadie en el asunto nacional.

Ante la amenaza de que lleguen al poder unos Don Nadie, unos desconocidos, los que mandan de verdad, no los que aparecen en los medios, hablan en secreto y llegan a un pacto que se ha conocido en niveles medios de la administración. En las altas esferas lo niegan, por supuesto.

No hay enroque sino un magistral salto de caballo.

Sube B al gobierno, aunque no tiene mayoría, y así adquiere un perfil que perdió en los últimos años. Forma un gobierno lleno de mujeres, muy capaces por cierto, y seduce al 52% de la población. El dirigente de B tiene buenos asesores. Ha procurado ir a los mítines con una cazadora de plástico-imitación-de-cabra-del--Atlas que es difícil de encontrar hasta en los  mercadillos palmeros. A modesto, yo, quiere decir. No los de D.

A aprovecha la ocasión para renovarse, pasa de ser criticado a ser la voz de la oposición, subirá en escaños y frenará a los advenedizos de C. Lo de la corrupción es cosa del pasado.

D tiene sus propios problemas por incongruencias programáticas, con inversiones inmobiliarias polémicas. Cada vez que suba al estrado, su líder va a ser criticado, porque promete trigo, pero se lo queda él.

Y el dirigente de C ha demostrado una enorme falta de talla política, porque se quedó sin espacio en unos minutos y apareció como un niño al que le han quitado su juguete.

A y B han “renacido” de sus lodazales y procurarán no darse mucha caña porque ambos tienen asuntos pendientes ante la Justicia. Y los inversores se alegran, la bolsa sube, y aunque las nubes no se levantan, los pajaritos cantan. Tutti contenti.

Y así,  colorín, colorado este cuento político se ha acabado. De momento.

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