¿Qué está en juego en las elecciones europeas?

Artículo publicado originalmente en Esglobal.

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Los comicios de finales de mayo se celebrar en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desapego respecto al proyecto europeo.

Entre el 22 y el 25 de mayo de este año se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. A renglón seguido, y por primera vez en la historia de la Unión Europea, los europarlamentarios elegidos decidirán con sus votos quién será el presidente de la Comisión. Una de las nuevas competencias que tendrá a partir de ahora el Parlamento, mediante las que tratará de convertirse de verdad en la Cámara que represente la voluntad de los ciudadanos europeos, más que la de los propios partidos o de los Estados.

 

Los anteriores comicios, en 2009, se celebraron en los primeros escalones de una crisis económica que aún no había comenzado su andadura por las tinieblas, iniciada con el rescate a Grecia en abril de 2010. Cinco años más tarde, llegan estas nuevas elecciones en medio de una crisis sin precedentes de escepticismo y desconfianza ante el proyecto europeo. A día de hoy, la principal fuerza en el Parlamento es el Partido Popular Europeo, con 274 escaños de un total de 766.

Identidad más intereses: Europa

La  tertulia de Europa en Suma con el candidato de UPyD para las europeas,  Francisco Sosa Wagner.

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Europa es una comunidad de derecho y si el derecho es algo, subraya el eurodiputado, es lengua, la precisión de la lengua, y no se puede legislar en inglés y aplicar las leyes en ese idioma en Finlandia. Las lenguas en Europa son y deben ser diversas, sostiene.

Lo que sí es Europa es una identidad, afirma Sosa Wagner, con una larguísima lista de intereses comunes, derechos fundamentales y libertades públicas, y por eso nos irrita, por ejemplo, lo que pasa en Ceuta y Melilla.

Sobre la identidad común, el candidato de UPyD pide que se elabore una lista de 50 nombres de la cultura europea, desde Cervantes a Mozart, pasando por Shakespeare o Einstein, para hacer un breviario del ideario europeo, de nuestros valores.

De cara a las elecciones al Parlamento, el eurodiputado defiende la  solidaridad entre la Europa de los ricos y la de los pobres. En realidad, indica, mucho de lo que tenemos hoy en España proviene de la solidaridad europea.

Sosa Wagner sostiene que es falso, como se viene repitiendo últimamente, que estas elecciones sean particularmente importantes porque se va a elegir, por primera vez, al presidente de la Comisión.

En realidad, asegura, y desde 1999, el Parlamento ha ido creciendo en protagonismo y ha ratificado al presidente de la Comisión. La única diferencia, ahora, es que según el Tratado de Lisboa la propuesta para ese puesto deber salir del resultado de las elecciones.

Los periodistas de la UE ante las elecciones europeas

Los_pol__ticos_huyen_del_cara_a_cara_con_los_periodistas El periodismo es un bien público. Ese es el principio del que parte la Federación Europea de Periodistas (FEP) ante las elecciones europeas del 25 de mayo y recuerda que para su cumplimiento existe un requisito imprescindible: los periodistas tienen que ejercer su oficio con independencia. Deben esforzarse en ese sentido. Y eso, quizá, debería ser especialmente cierto en el caso de los medios públicos audiovisuales.

Desde luego, todo Servicio Audiovisual Público (SAP, Public Service Broadcasting, PSB, según sus siglas en inglés), requiere transparencia, financiación suficiente y alejamiento de las presiones políticas. Y a pesar de todas sus diferencias, caricaturizaciones, irregularidades y ataques que puedan sufrir los distintos SAP, su existencia continúa siendo un signo distintivo de las democracias europeas. Y cuando gobiernos como los de Grecia (la ERT) o la Comunidad Autónoma de Valencia (España), han cerrado esos medios -por su propia mala gestión política y económica- la mayor parte de la ciudadanía lo ha percibido como un deterioro de la calidad democrática de esas mismas sociedades.

La falta de independencia de las radiotelevisiones públicas suele ser paralela a su manipulación política creciente, a su falta de calidad y a una financiación irregular.

Europa: la respuesta de los demonizados

 

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La demonización de los pobres es una obsesión -recubierta de cinismo- de ciertas élites políticas que gobiernan Europa. Olli Rehn, Comisario de Asuntos Económicos, y Jean-Claude Trichet, anterior presidente del Banco Central Europeo, han comparecido ante los europarlamentarios. Se ha dicho que para dar cuentas por los desmanes de la troika. Si es así, comparecen mal y tarde, cuando la hegemonía del dogma neoliberal empieza a ser cuestionada en la calle y en sus fundamentos ideológicos.

Buena parte de la ciudadanía percibe dudas de rumbo en quienes controlan las agendas neothatcherianas. Un buen ejemplo, es la ruptura -en Alemania- del tabú merkeliano del salario mínimo. Otros ejemplos surgen en el sur, como la anulación precipitada de ciertos copagos sanitarios y las dificultades que -en España- encuentran los guardianes del rigor para privatizar (en beneficio propio) la sanidad pública. Chocan con la justicia, con el activismo resistente en general y con la «marea blanca». En Italia, ya no hay duda del declive del berlusconismo.

En estos momentos, los hombres de negro de la troika, y sus súbditos de aquí y allá, dicen haber concluido su trabajo sobre déficits y deuda en Irlanda y España; en realidad, se ha tratado también de un proceso práctico de destrucción de servicios sociales y de culpabilización de quienes menos tienen (proceso ideológico).

Algunas cosas parecen estar cambiando: solo hay que contemplar la cara de los cirujanos del rigor (mortis) cuando comparecen. Llámense Olli Rehn o Fernández Lasquetty. Han mantenido un discurso lleno de dogmas economicistas sin medir las consecuencias. Y los que las han sufrido, los demonizados, empiezan a proclamar en voz alta cada uno de sus retrocesos, hasta el más insignificante.

En su visión del mundo, han sido y son –paradójicamente- más rígidos que los planes quinquenales soviéticos. Han castigado así -en exceso- a amplios sectores de las clases medias y son conscientes -en la actualidad, quizá tarde para ellos- de que se han alienado a buena parte de sus bases políticas. Su delirio empieza a pasarlos factura.

Politizar las elecciones o los errores no corregidos de la partitocracia

 

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Hay miedo a la abstención, por más que miremos una y otra vez a la participación en las elecciones estadounidenses para colegir que no hay riesgo desligitimación. Si Obama fue elegido con un 57% de participación, en la pasada convocatoria electoral europea participó un 43%. Subrayemos, no obstante, que en cinco de los estados comunitarios (Bélgica, Italia, Chipre, Grecia y Luxemburgo) es obligatorio el voto bajo pena de multa, aunque no siempre somos estrictos en el cumplimiento de la ley.

Y hay miedo porque Europa es un proyecto en construcción y no queremos que la desafección pueda interpretarse como una enmienda a la totalidad, no queremos que el resultado se interprete en clave de rechazo a una estructura de poder ajena a la ciudadanía. Y porque, además, los europeístas sabemos que el Parlamento tiene nuevas competencias, que está cada vez más cerca de la sensibilidad ciudadana, que el control de la cúpula de los partidos sobre sus diputados se relaja bastante con la distancia, salvo en asuntos nacionales y que ha sido, es y será un instrumento fundamental en el proceso hacia la Unión Política.

Tenemos miedo los europeístas y tienen miedo los gobiernos, que serán los destinatarios últimos de esa enmienda a la totalidad, si efectivamente la abstención es de record. Porque, claro, si la mayoría de europeo cree que su voz no se escucha suficientemente en Europa y sólo una minoría tiene una imagen positiva de la UE como  consecuencia de las secuelas de las soluciones europeas a la crisis, en parte por el desestimiento de las instituciones europeas de sus obligaciones sociales, una abstención masiva y/o un vuelco electoral en favor de partidos minoritarios en detrimento de las dos grandes opciones europeas, podría ser también interpretada como un atisbo de relevo en la clase política.

Integración o desintegración de la UE.

El debate en Europa en suma sobre las próximas elecciones europeas, con los expresidentes del Parlamento, Borrell y Gil-Robles.

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¡Qué tiempos aquellos en que era Ministro de Obras Públicas e inauguraba continuamente proyectos bajo carteles en los que constaba que estaban financiados con Fondos Feder de la Unión Europea!, comenta Josep Borrell. El veterano socialista y ex presidente de la Cámara recuerda que en una inauguración un paisano llegó a comentarle que el señor Feder debía ser muy rico porque invertía mucho dinero en infraestrcturas. Juan Cuesta presidente de Europa en suma añade que en una entrevista, el entonces presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, la decía que la Unión era como un cajero automático: ibas y te daba dinero. Ahora, sin embargo, muchos en España ven a Bruselas como la madrastra que impone reformas estructurales o recortes en el gasto cuando lo necesario sería justo lo contrario, incrementar la inversión para animar la maltrecha economía nacional. Los expresidentes del Parlamento Europeo han firmado un manifiesto en el que subrayan la importancia de las próximas elecciones europeas, porque decidirán quien será el presidente de la Comisión, que no será nombrado como hasta ahora por los jefes de gobierno de los 28. Estas elecciones van a decidir la orientación económica de los próximos años, indica José María Gil-Robles, del PP. Por primera vez, añade, se va a debatir la política económica común como nacional, porque son la misma cosa. Creo, dice Gil-Robles, que el debate de fondo es entre integracionistas y no integracionistas. En realidad, insiste, estamos en un proceso constituyente muy peculiar que afecta no solo a las instituciones sino a la estructura básica de la Unión, sobre algo que no existía. Hay que decidir quien toma las riendas y hay peligros. Si aumenta el voto hacia los euroescépticos, si consiguen más de 20 %, puede estar en peligro la mayoría absoluta que se ha conseguido hasta ahora con la coalición entre socialistas y populares y habría que pactar con verdes o liberales.

Eslovaquia: la moderación, el diálogo y el éxito.

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La actualidad se impone. Europa en Suma recibe al embajador de Eslovaquia, Jan Skoda, que se despide de su cargo tras varios años acreditado en España, pero surge inmediatamente la situación en Ucrania, el país vecino.

Somos la frontera Este de la Unión Europea, tenemos una importante minoría eslovaca en Ucrania y hay muchos ucranianos trabajando en nuestro país, subraya el embajador. Hay una serie de intereses cruzados.  Entiende Jan Skoda  la presión rusa en contra del acercamiento de Kiev a la Unión Europa, porque Putin defiende sus intereses; el dirigente ruso ve a la UE como el brazo civil de la Alianza Atlántica. Pero eso es una política muy antigua, indica el embajador, que se fundamenta en el poder y en estos tiempos sería mejor cooperar a través del comercio.

Janis Eichmanis, embajador de Letonia, un país que conoce bien la experiencia del yugo moscovita, interviene y asegura a título personal, no oficial, que en el fondo Rusia no ha cambiado en décadas. Putin, recuerda el diplomático, era un oscuro funcionario de la KGB que estaba destinado en Dresde, en la antigua República Democrática Alemana, no en un destino más importante. Y Putin tiene que demostrarse a sí mismo y a otros que es alguien; de ahí esas fotos de “supermacho” cazador con el pecho desnudo. En Rusia, subraya, la gente se fascina con los grandes personajes. En Moscú, el sistema no te permite “pensar pequeño”, tienes que hacerlo a lo grande. Pero la realidad es que la situación rusa no es boyante, su crecimiento es de apenas el 1,7 %, que no es nada para ese gigante.

El embajador eslovaco ha estado un día antes en Barcelona y los periodistas le han asaltado con cuestiones sobre la independencia de su país, la separación de Chequia, como posible ejemplo para Cataluña. La división de Checoslovaquia, recuerda, fue un proceso pacífico, culto e inteligente, que se llevó a cabo mediante el diálogo y el acuerdo, aunque subraya que fue sobre todo una iniciativa de los políticos. Probablemente la población no lo hubiera aprobado, estima. Eso sí, hoy tiene ventajas, comenta en tono irónico. No podemos criticar si Praga hace su Metro o no, cómo emplea el dinero.

 

Hablando del precio de la energía en la tertulia de Europa en suma.

Cómo (intentar) explicar (a un niño, por ejemplo) el (impresionante) aumento del recibo de la luz.

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Me preguntas, pequeño,  por qué solté un exabrupto cuando nos llegó el recibo de la luz correspondiente al mes de agosto, 100 euros, y eso que estábamos fuera de casa, de vacaciones. Creo que  esas mismas exclamaciones se escucharon de decenas de miles de hogares a lo largo y ancho de nuestra geografía. Pero no hubo ni revuelta, ni escraches ni nada.

Es muy difícil de explicar. El costo del kilowatio ha subido un 80% de 2004 a 2011 y, a pesar de esto, hay un famoso déficit de tarifa de 20.000 millones de euros.

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Hoy necesitamos esta energía lo mismo que el aire, pero estamos ante un mercado libre, liberalizado en teoría, pero que, en realidad, está controlado por un oligopolio y las normativas están hechas a favor del regulador. La ley se hace al gusto del productor, es un mercado que pone en duda el funcionamiento de la economía de mercado. De hecho se está produciendo un trasvase de rentas de las clases medias a las empresas productoras. Para intentar saber más Europa en suma organiza un coloquio sobre este problema. Jorge Fabra, que presidió Red Eléctrica Española y hoy encabeza  Economistas frente a la crisis, nos explica que estamos ante un producto único, en realidad muy extraño, que combina todo tipo de energías primarias, la hidráulica, la nuclear, el carbón, el petróleo, el viento, el gas, o la solar. Tan importante es que la electricidad supone el segundo apartado de costos de las empresas después de la fuerza del trabajo.

Y nos encontramos, dice, con la gran paradoja: para hacer nuestra economía más competitiva bajamos los salarios, pero el precio de la energía va exactamente en la dirección contraria. Y eso que en España tenemos el costo más alto de toda la Unión Europea, asegura. Estamos ante un producto muy raro, sigue diciendo:  cuando apretamos un interruptor estamos demandando una energía homogénea, en realidad una corriente de electrones, que procede de fuentes muy diversas. Lo estamos  tratando cómo un bien convencional cuando, en realidad, no hemos conseguido en este apartado la convergencia tecnológica.

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La UE quiere dar un impulso a la política común de seguridad y defensa

Tertulia de Europa en suma con el general Ballesteros, Director del Instituto de Estudios Estratégicos

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Después de un largo periodo en que la política común de seguridad y defensa ha venido quedando relegada en el ámbito de la UE, el Consejo Europeo de diciembre próximo se ocupará del tema. Sobre la mesa habrá una propuesta con tres palabras clave: eficacia, visibilidad e impacto. Eficacia de las misiones militares y civiles que la UE promueva y lleve a cabo; y visibilidad e impacto, es decir, información y difusión para que la opinión pública las conozca y las apoye.

El General Ballesteros, Director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, nos avanza en “La Hora europea”, estas prioridades establecidas en el documento que el Consejo Europeo encargó a la señora Ashtom, Vicepresidenta de la Comisión y su Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad.

Reflexiona el General Ballesteros sobre la necesidad y la dificultad, a la vez, de avanzar en la política de seguridad común. Echando la vista atrás, recuerda que la actual Política Común de Seguridad, establecida en 1.999 en la cumbre de Helsinki, se adoptó en la época en que Javier Solana era Alto Representante del Consejo para la Política de Exteriores y Seguridad. Su propuesta se basaba en algo que se ha revelado como un éxito: dotar a la UE de una estructura de carácter civil, que le evitara competir con la OTAN en materia militar. Y esa combinación de capacidades civiles y militares como base de la política de defensa y seguridad se ha mostrado muy eficaz.

Hoy, sin embargo, 14 años después, es necesario adecuarla a los nuevos tiempos, así como definir y poner en marcha las estructuras que toda acción común exige. El Consejo Europeo es consciente de ello, de ahí la iniciativa del próximo diciembre. Pero, a la vez, no hay que olvidar que no estamos en un momento fácil para la colaboración en materia de seguridad. De hecho, cualquier iniciativa en ese sentido precisa de un liderazgo decidido. Y la UE adolece de falta de liderazgo en esta materia específica.  Alemania, el motor europeo en tantas cosas, no puede asumir el liderazgo en materia militar debido a su pasado. Y los dos países que tradicionalmente lo han hecho, Francia y Gran Bretaña, parecen hoy más preocupados por establecer acuerdos de cooperación bilaterales que les ahorren algo de su abultado presupuesto militar (ambos dedican en torno al 3% del PIB a defensa, frente al 0,65% que dedica España, descontando a los militares en la reserva) que de liderar una política de seguridad más ambiciosa para toda la Unión.

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