El grupo de Visegrado y sus desavenencias con Bruselas en la tertulia de Europa en suma, con Ruth Ferrero, coordinadora del grupo Eurasia e investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.
En aquel tiempo, poco después de la caída del muro de Berlín, todos los dirigentes que llegaban a Alemania, que ya había adquirido la voz cantante en el continente tras la unificación, subrayaban que era necesario y urgente la ampliación de la entonces Comunidad Europea a los llamados “países del este”.
En 1991, Checoslovaquia (formada entonces por Bohemia Moravia y Eslovaquia), Hungría y Polonia firmaban el pacto de Visegrado para acelerar el proceso de integración en Europa. Un pacto que hundía sus raíces en la Historia: los reyes de Hungría, Polonia y Bohemia firmaron un pacto de no agresión y de colaboración en el lejano 1335.
Pocos hablaban de la profundización de la CE, aunque la unificación alemana impuso la creación de la Unión y de la moneda común. Francia buscaba anclar al nuevo gigante y Helmut Kohl quería una Alemania europea, no una Europa alemana. La integración europea, ya sabemos, quedó un tanto coja como puso de manifiesto la crisis de 2008.


Hizo un gesto elegante, no en vano es británico, y dijo: “No, el Brexit no sale adelante”. El director de un prestigioso Think Tank se equivocó una semana antes del referéndum sobre la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea. Como otros muchos.
