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Los chicos malos de la UE

Por Daniel Peral

El grupo de Visegrado y sus desavenencias con Bruselas en la tertulia de Europa en suma, con Ruth Ferrero, coordinadora del grupo Eurasia e investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

Grupo Visegrado Union Europea divisiones EDIIMA20170302 0691 4En aquel tiempo, poco después de la caída del muro de Berlín, todos los dirigentes que llegaban a Alemania, que  ya había adquirido la voz cantante en el continente tras la unificación, subrayaban que era necesario y urgente la ampliación de la entonces Comunidad Europea a los llamados “países del  este”.

En 1991, Checoslovaquia (formada entonces por Bohemia Moravia y Eslovaquia), Hungría y Polonia firmaban el pacto de Visegrado para acelerar el proceso de integración en Europa. Un pacto que hundía sus raíces en la Historia: los reyes de Hungría, Polonia y Bohemia firmaron un pacto de no agresión y de colaboración en el lejano 1335.

Pocos hablaban de la profundización de la CE, aunque la unificación alemana impuso la creación de la Unión y de la moneda común. Francia buscaba anclar al nuevo gigante y Helmut Kohl quería una Alemania europea, no una Europa alemana.  La integración europea, ya sabemos, quedó un tanto coja como puso de manifiesto la crisis de 2008.

¡¡¡Basta de Fake News !!!

Por Daniel Peral

La tertulia de Europa en suma sobre información y desinformación en la UE, con Clara Jiménez y Jaime Montes, creadores de Maldito Bulo.

descarga 2Hizo un gesto elegante, no en vano es británico, y dijo: “No, el Brexit no sale adelante”. El director de un prestigioso Think Tank se equivocó una semana antes del referéndum sobre la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea. Como otros muchos.

Poco después del Brexit, cuando ganó el populismo frente a la serenidad, el campo frente a la ciudad, descubrimos que en la campaña a favor de la salida del reino Unido había influido una poderosa y oscura entidad, Cambridge Analytica, financiada por un multimillonario estadounidense experto en matemáticas, Robert Mercer. Este señor, que se hizo rico con eso de los algoritmos, financió también la página Breitbart News de Steve Bannon, que, con sus intoxicaciones y sus ataques a la señora Clinton, apoyó la candidatura de Donald Trump. Bannon hace ahora campaña para los radicales europeos como Marine Le Pen, y fue expulsado después de la Casa Blanca. Como tantos otros.

¿Cómo lo hacen? Comprando los Big Data a entidades como Facebook, como recordaba hace unos días el diario The Guardian. Recordaba, porque hace meses que varios medios hablan de Cambridge Analytica y parece que la gente todavía no se había enterado. Facebook recoge cientos de parámetros de cada individuo, sus likes, sus gustos, sus tendencias, nos conoce a fondo, sabe más de nosotros que nosotros mismos y sabe por dónde hay que atacar políticamente. Facebook y entidades como CA están en el origen de las modernas Fake News, término que habría que desterrar, porque en castellano de toda la vida se ha dicho bulo o trola. Pero es más moderno decir eso, más tecnológico, más trendy.

Los que ganan en este océano tempestuoso de la información y desinformación contemporánea son los grandes grupos que marcan la tendencia e imponen los temas.

Miles de candidatos cambiantes a la busca del voto esquivo.

Por Daniel Peral

Las elecciones en Italia en la tertulia de Europa en suma, con Pablo Ordaz, ex corresponsal de El País en Roma y Andrea Betti, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Comillas.t1 4

Italia es un país hermoso como pocos, su Historia, el legado de Roma, del Renacimiento, el incomparable diseño actual, la ropa, los automóviles más bellos, pero prácticamente ininteligible en lo político, visto desde fuera.

El título de la famosa obra de Pirandello (Seis personajes…) se queda corto cuando se afronta la política italiana. No hay corrientes, socialdemocracia, democracia cristiana o liberales, como en otros territorios. Hay Forzas, Ligas o Estrellas, que enmascaran a la derecha, al nacionalismo o la queja. Es una cadena interminable de nombres, de figuras, que cambian de chaqueta continuamente, algo muy fácil en Italia porque, insistimos, fabrica los textiles más hermosos.

De mil políticos, en los últimos años, nada menos que un tercio ha cambiado de formación. En cinco años que he estado en Italia he visto cinco primeros ministros y dos presidentes de la República, asegura Pablo Ordaz.

La situación de uno de los grandes de Europa, firmante del Tratado de Roma, no es muy optimista. La deuda es del 135%  del PIB, la economía está atascada, el sistema bancario es frágil y el populismo crece.

Ya en los tiempos del Pentapartito, la situación era muy compleja cuando se intentaba explicar la riqueza política italiana: centro-derecha laico, centro-derecha religioso, centro-izquierda religioso, centro-izquierda laico, etc. Hasta que llegó la explosión de los grandes partidos, la vecchia Democracia Cristiana, de grandes cínicos como Andreotti, trufada de corrupciones mafiosos y religiosas y la del viejo y glorioso Pichí. Para complicar las cosas, llegó un clown, Berlusconi y después otro, éste de verdad, Grillo.

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