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La "Gran Muralla" Europea

La "Gran Muralla" Europea
Créditos de la imagen: Playa de El Trampolín. 19 de agosto de 2026. Crédito imagen: Germinal Castillo
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El pasado 1 de junio entró en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo que introduce una serie de medidas destinadas a frenar la inmigración ilegal, restringir el derecho de asilo y establecer una solidaridad pactada entre los estados miembros que garantice una política conjunta. Sin embargo, la crisis de Ceuta ha demostrado que la solidaridad es frágil, por no decir casi inexistente, y que la derecha y la extrema derecha siguen en su empeño de endurecer aún más esta legislación.

Lo plasmaba de manera muy gráfica en una viñeta el humorista italiano, Enrico Bertuccioli: colgado de una pared, un armario de emergencia en el que se lee: "en caso de crisis migratoria, rompa el vidrio". Lo que da acceso a un pedazo de muro de ladrillo.

 

La crisis de Ceuta y la "muerte" de la solidaridad comunitaria

Desde que el Consejo Europeo aprobó en mayo de 2024 ese Pacto Europeo de Migración y Asilo, quedó claro que las ideas de la extrema derecha habían impuesto su criterio a la derecha tradicional y había generado un miedo social en Europa que le favorece electoralmente. Se opta por construir un muro físico y también legal mediante una especie de "Gran Muralla" burocrática y policial que se puede equiparar a la que la dinastía Ming completó en China y que no evitó que los mongoles entraran en Pekín en el siglo XVII.

La "gran muralla europea", que como veremos tiene agujeros más allá de Ceuta, debe respetarse y reforzarse a juicio de sus impulsores. En este sentido, debe interpretarse la reacción inmediata del actual ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, que relacionó la crisis de Ceuta con la regularización de inmigrantes que lleva a cabo España. Tajani, que fue Presidente del Parlamento Europeo del 2017 al 2019, mezcló de manera torticera este proceso de legalización con el acceso a la nacionalidad española e ignoró que en Ceuta, aunque pertenece al espacio Schengen, se deben realizar controles de identidad para todos aquellos que quieran viajar a la península o al resto de países europeos. Tajani, que representa al partido de Berlusconi Forza Italia en el gobierno de Meloni, también obvió que su país también ha regularizado desde el año pasado a miles de inmigrantes irregulares mediante otros sistemas legales y "a la chita callando" para no soliviantar a su electorado.

Esta primera reacción "en caliente" de Tajani, se convirtió en estrategia cuando fue asumida por el jefe de filas de los populares europeos en la Eurocámara. El alemán Manfred Weber, en una tribuna en el Frankfuter Allgemeine Zeitung , abogó por que FRONTEX –la policía de fronteras comunitarias que cuenta con 50.000 efectivos-asuma el control y supervisión de la frontera exterior que ahora depende de cada estado miembro por entender que es una cuestión de soberanía nacional.

Al tiempo, Weber aseguró que "los migrantes que no tengan derecho a permanecer en Europa, deben abandonarla sin peros que valgan". De esta manera, iba un poco más allá que el comisario de Interior y Migraciones, el austriaco Magnus Brunner, quien defendió que hay que "cooperar con nuestros vecinos, por supuesto. Pero en tanto que el control de la situación dependa de la buena voluntad de un estado vecino, seremos vulnerables". Brunner no relacionó el proceso de regularización de España con la crisis de Ceuta, pero sí aseguro que "se trata de una mala señal".

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Playa de El Trampolín. 19 de agosto de 2026. Crédito imagen: Germinal Castillo

 

 

El miedo a la inmigración como instrumento electoral

Esa vulnerabilidad a la que hizo referencia el Comisario ha sido el motivo de la carta firmada conjuntamente por las primeras ministras de Italia y Dinamarca que, además de llamar a reforzar la frontera exterior y abrir campos externos de deportación de migrantes en países vecinos, han hecho responsables a estos extranjeros del aumento de la delincuencia.

Tanto Tajani como Weber y Brunner pertenecen a la misma familia política, el Partido Popular Europeo, de ahí la importancia de la carta firmada por las primeras ministras de Italia y Dinamarca. La primera, Georgia Meloni, del partido de extrema derecha, Hermanos de Italia, y la segunda, Mette Friedriksen, líder de los Socialdemócratas daneses. Esto ofrece un espectro mucho más amplio desde el punto de vista ideológico para llevar a cabo una aplicación más contundente del Pacto migratorio e ir incluso un poco más allá de lo consensuado en el Parlamento Europeo.

Hay dos cosas, no obstante, que llaman la atención en la carta de Meloni y Friedriksen: la primera, su orgullo por proteger "la herencia cultural cristiana de Europa", donde desde hace siglos -como en Ceuta- conviven diversas religiones en su seno e incluso países como Francia tienen a gala la defensa del laicismo. La segunda, reseñar en su texto que son "las dos únicas mujeres al frente de gobiernos en la Unión Europea".

Precisamente, de su posicionamiento en este asunto tan sensible de la inmigración

depende que lo sigan siendo. Meloni, amenazada, por el exGeneral Vanacci, que se sitúa a la derecha de la primera ministra italiana en asuntos como el acercamiento a la Rusia de Putin y que sube poco a poco en los sondeos de cara a las elecciones generales previstas el año que viene en detrimento de Salvini, líder de la Liga y ministro de Transportes.

La danesa Friedriksen está al frente de una coalición en la que los socialdemócratas son la mayoría minoritaria y cuya estabilidad depende de una opinión pública muy recelosa respecto a las políticas de inmigración de algunos estados vecinos. No España, curiosamente, sino Suecia, pero Ceuta le ha servido para reafirmar su postura que, en cualquier caso, viene defendiendo desde que esta hija de sindicalistas se situó como la líder de la formación.

Este frente italo-danés remata el duro golpe infringido a la solidaridad interna de los 27 y a la estructura de Schengen porque siembra dudas sobre el comportamiento de un estado miembro respecto a una amenaza externa. Este desmarcarse de la frontera sur es un mal precedente para la solidaridad que se va a exigir en la frontera Este y la amenaza rusa.

 

La Comisión establece otras "barreras" que refuerzan la `Europa fortaleza´

La "gran muralla europea" no sólo se construye reforzando las fronteras exteriores, también se están instalando otra serie de barreras en aspectos como el Comercio, el mercado Interior e incluso se está hablando de una "frontera digital" respecto a la iniciativa que ha tenido la Comisión Europea al activar un mecanismo de coordinación con Meta -empresa matriz de las redes sociales Facebook, WhatsApp e Instagram- y Bytedance, propietaria de TikTok para evitar la difusión de bulos en torno a la crisis de Ceuta, que ciertos analistas sitúan en el origen de la entrada masiva de personas en la ciudad española del norte de África. Se activa así el código de conducta de la Comisión al que las compañías tecnológicas pueden adherirse de forma voluntaria. A esta "frontera digital" no se suma la red social X, propiedad de Elon Musk, pero es una muestra de colaboración por parte de la compañía de Marc Zukerberg, otro de los oligarcas tecnológicos estadounidenses, cuya influencia y avances monopolísticos han sido frenados en Europa por la Comisión con fuertes multas desde la época de Joaquín Almunia como Comisario de la Competencia.

No va a ser la única "barrera " legal que la Comisión quiere poner en marcha en los próximos meses. Por ejemplo, ya preparar el sello "made in Europe" para dar preferencia a las empresas europeas en las adjudicaciones públicas de la UE, además de una serie de medidas que favorecen a la industria europea en la reducción de emisiones procedentes de combustibles fósiles o en la dependencia tecnológica de China y Estados Unidos para su desarrollo.

 

La "gran muralla europea" tiene agujeros

En Estonia han descubierto uno físico: un túnel bajo la alambrada que separa al país báltico de Bielorrusía. Han detenido a 15 personas que lo habían utilizado para acceder a territorio de la Unión.

Pero nada comparable con el "agujero" que se ha abierto este verano en algunos de los principales aeropuertos europeos, como París y Frankfort, después de que la Comisión Europea haya aceptado que se desconecte el flamante sistema de control biométrico de pasaportes para los viajeros procedentes de fuera de la Unión, que ha necesitado casi dos años para implantarse y que ha provocado algunas situaciones de caos porque su funcionamiento ralentiza el acceso. Por presión de las compañías aéreas y de la industria del sector turístico, Bruselas ha aceptado desenchufar el sistema en caso de aglomeraciones. De todos es sabido que la mayoría de los migrantes acceden a la Unión a través de los aeropuertos.

Otro "boquete" más, en este caso de interpretación legal de lo establecido en el Pacto, que, entre otras medidas, contempla que un estado puede devolver a un migrante que haya solicitado asilo al país por el que accedió al espacio Schengen. Desde inicios de verano hay un forcejeo entre Italia y Alemania porque el gobierno de Meloni se opone a la pretensión del gobierno de Friederick Mertz de enviar a una joven somalí que entró por Italia y que ha pedido el estatuto de refugiado para permanecer con su madre y hermano en Baviera. El ejecutivo italiano amenaza a Berlín con devolver a todas las personas que llegaron a su territorio a bordo de embarcaciones de ONG con bandera germana, que en estos momentos son mayoría en el Mediterráneo central.

 

La extrema derecha saliva de cara a 2027

En cualquier caso, no se entiende esta agitación política en torno a la emigración hacia la Unión más allá de la presión electoral que ejerce la extrema derecha. Si tenemos en cuenta las cifras, en 2023 llegaron a la Unión 275.000 migrantes irregulares; en 2024, año en el que se aprobó el nuevo Pacto de Migración y Asilo, bajó a 207.000 y en 2025 volvió a descender hasta 150.000. Recordemos que la población a primeros de 2026 en la Unión Europea es de unos 452 millones de habitantes. Poca gente para, además subsanar el déficit demográfico que, como el resto de los países desarrollados, sufre Europa.

Sin embargo, la extrema derecha saliva ya de cara a 2027. Año en el que hay citas electorales en cuatro de los grandes países de la Unión: España, Italia, Polonia y Francia, donde hay posibilidades reales de que pasen a estar gobernados por partidos conservadores y patrióticos, en la terminología que utiliza el jefe de filas de Vox en el Parlamento Europeo. Jorge Buxadé, en declaraciones a Político, insiste en medidas como las deportaciones o la "reemigración", además de la "prioridad nacional" para el acceso a la vivienda protegida y a las ayudas sociales en España. Y para Bruselas, Buxadé augura una línea más dura en el Consejo Europeo, en cuyo seno España podría empezar a utilizar vetos para bloquear para frenar en seco las políticas comunitarias.

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