Publicado originalmente en Periodismo Global, la otra mirada.

Así que esto era la nueva normalidad: convivir con el riesgo permanente del virus mortal.
Desde el 9 de mayo, fecha de mi última entrada en este blog, han pasado muchas cosas. Entre otras, la discusión de que podría ser esa “nueva normalidad” que nos proponían nuestros dirigentes.
En paralelo al aplanamiento de la curva en los países europeos, filósofos, sociólogos o economistas reflexionaban sobre cómo sería nuestra nueva vida personal, como cambiaría nuestra identidad, nuestras relaciones sociales o económicas. Se partía del supuesto de que, una vez contenida la primera oleada, con medidas de distancia social y control se evitaría una segunda oleada y la epidemia quedaría limitada a brotes aislados. Pero no, todo era más sencillo: la nueva normalidad consiste en intentar hacer una vida normal con multitud de restricciones y con el peligro de contagiarse en cualquier momento. La nueva normalidad es vivir en la incertidumbre. En la nueva normalidad, la persistencia amenazadora del virus frena la recuperación económica y la normalización de las relaciones sociales.


Durante los últimos seis meses desde estas líneas hemos venido defendiendo que, en la Unión Europea a través de sus instituciones, después de tres semanas de desconcierto, en febrero y marzo, se estaban dando pasos decisivos en la profundización del proyecto federal europeo, como consecuencia de la lucha contra el coronavirus.
El próximo 1 de julio, Alemania asume la presidencia de turno de la Unión Europea. En el programa semestral, se incluye la organización de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Mientras que las instituciones de la UE todavía no se han puesto de acuerdo sobre cómo llevarla a cabo, la coalición Citizens Take Over Europe (los ciudadanos toman Europa) propone que se incluya a los ciudadanos en el proceso desde el principio.
Desde la gravísima crisis financiera de 2008 han proliferado los augures de la desaparición de la Unión Europea. Ciertamente, los momentos críticos la han puesto a prueba y quienes apostaban por la implosión jugaban con bastantes posibilidades de acertar. El desgarro de la crisis migratoria y los jirones de energía malgastados en el brexit, han testado la solidez del proyecto más grandioso de unificación y cesión voluntaria de soberanía de la historia. Ahora, la pandemia del coronavirus ha provocado un nuevo movimiento sísmico, que aún amenaza los cimientos mismos de la UE.
12 de junio de 1985. El entonces presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores, Felipe González y Fernando Morán, firmaban la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea (CEE, hoy convertida en Unión Europea), en un solemne acto en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid.
Con el presidente Donald Trump nadie podrá llamarse a engaño. La tosquedad de sus modales muestra con descaro e insolencia sus intenciones de boicotear o enfrentarse abiertamente a aquellos organismos internacionales que no se ajusten a sus intereses. Los últimos en experimentarlo son los funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) que investigan presuntas violaciones de los derechos humanos, cometidos por tropas y agentes de seguridad estadounidenses en Afganistán. 