¿Qué quedará cuando salgamos de casa o del hospital, cuando lo peor de la pandemia pase?. Proliferan los comentarios rápidos del todo o nada cambiará tras las secuelas individuales y colectivas de tan repentina y dramática experiencia en tan corto plazo. Un despertar de pesadilla del “delirio de omnipotencia“, lo califica el Papa Francisco. Pero escasean tanto las certezas que, tras sortear la enfermedad o el duelo, la mayor angustia es la incertidumbre total sobre la vida tal como lo hemos conocido hasta ahora: desde el trabajo hasta las relaciones sociales, nacionales o internacionales.
Más allá de anticiparse a tan incierto futuro – que intentan los mejores pensadores con rapidez y mas profusión que durante la crisis financiera-, lo sucedido ya ha puesto en jaque mecanismos, instituciones, prioridades nacionales, relación social, generacional…. no creo que sistemas, aunque sí la globalización desgobernada que hemos conocido. Abro hilo o serie de post al empezar por la más cuestionada estos días, una Unión Europea que es el mayor logro pacífico en medio siglo.


Tras semanas de desorden global, tres noticias parecen hoy arrojar cierta luz: el alto al fuego solicitado por el Secretario de ONU ante la plaga se concreta en Yemen; Europa parece desatascar una respuesta común a la pandemia; y los productores de petróleo ponen fin a la guerra de precios – con acuerdo de reducir un 23% la oferta- desencadenada cuando trascendía el devastador virus económico, lo que terminó de enloquecer a las bolsas.
Durante los primeros días del mes de abril, los representantes de las diez secciones nacionales más representativas del Movimiento Europeo Internacional (Alemania, Austria, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos y Polonia), hemos elaborado una Declaración conjunta que lleva el título de este artículo. En la Declaración expresamos la misma percepción creada como consecuencia de los efectos de la crisis de la covid-19 para Europa, así como el diagnóstico compartido ante la situación, y hacemos algunas propuestas sobre la búsqueda de soluciones comunes. Sobre todo, el deseo de “ir más allá de esta crisis y emerger más fuertes y más sabios”.
Comunicación de crisis: del relato a los hechos hay mucho trecho
Vuelvo sobre la relación entre el coronavirus y la globalización, después de una primera aproximación, el 28 de febrero,
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, ha utilizado toda clase de ocasiones y pretextos para lograr que Hungría se tragara –píldora a píldora- su autoritarismo. Al menos, desde hace una década.
Primero fue la sugerencia y luego la orden: lavarse las manos y distanciarse. En esas dos acciones aparentemente sencillas quedó retratado el mundo actual, en el que millones de personas carecen de agua para lo primero y no tienen espacio para lo segundo. Después se nos conminó a encerrarnos, algo que tampoco todos pueden hacer. El Covid-19 (coronavirus) pone en evidencia la profunda desigualdad que existe en la sociedad global y dentro de los Estados.
En los medios españoles y europeos se está transmitiendo otra epidemia, además de la mortífera del coronavirus: la de confundir el Consejo Europeo con Europa o con la Unión Europea. Esta segunda epidemia no es mortífera, pero por ello no deja de ser muy nociva. Por ello decimos que es un sinécdoque, ya que se designa a un todo, la Unión Europea, por una de sus partes, el Consejo Europeo. De esta manera al errar el diagnóstico también va a llevar consigo que se equivoque la solución.
Este tiempo suspendido del confinamiento se hace cada vez más espeso. El silencio de las calles se rompe cada poco por las sirenas de las ambulancias que se dirigen a uno de los grandes hospitales madrileños. El virus nos cerca y nos toca: el dolor por amigos o seres queridos afectados por el virus o por sus consecuencias económicas; muertes que crecen exponencialmente; desconcierto; vulnerables dejados a su suerte: solidaridad… y división.