Aquel otro 31 de octubre, en 1517, hace casi cinco siglos, un monje católico agustino llamado Martín Lutero, teólogo y profesor universitario, clavó sus 95 tesis en las puertas de una iglesia de Wittemberg (Sajonia Anhalt, Alemania). Así empezó la Reforma, movimiento religioso y político que resultaría decisivo para el porvenir de Europa y la civilización europea.
Y aunque quien esto firma no sea precisamente lo que se dice un creyente, la idea de las 95 tesis clavadas en un portalón de madera, la imagen mental de aquel desafío a Roma, siempre me resultó fascinante. Es la época primera del desarrollo de la imprenta, en la que la velocidad de las tesis novedosas se acelera. “En el corto espacio de cuatro semanas, antes de que Lutero pudiese conseguir las opiniones de estudiosos y escolásticos, fueron impresas las tesis y circularon por toda Alemania y Suiza” (‘Lutero y el nacimiento del protestantismo’, James Atkinson, 1968). Estoy lejos de ser un especialista, pero pienso que merece la pena reflexionar hoy sobre el impacto de aquel gesto de Wittemberg en nuestra propia época y en la Europa actual.
Lutero, cara y cruz
En los países nórdicos o de influencia luterana se tiende a resaltar los lazos de las 95 tesis con la idea moderna de libertad de expresión; la oposición de Lutero a las indulgencias se presenta como temprana lucha contra una corrupción -para ellos- más bien sureña, aunque en realidad afectara en aquella época a todo el mundo católico (que incluía entonces el centro y norte de Europa). Si hay otros ángulos posibles, por poner un caso, el vínculo casi invisible que unió al apartheid histórico de Sudáfrica con un cierto concepto luterano de “pureza”, eso tiende allí a ser menospreciado o desconocido.
El CETA es el Acuerdo Económico y de Comercio que la Unión Europea ha cerrado con Canadá, un tratado de libre comercio destinado a facilitar los intercambios económicos entre las potencias a uno y otro lado del Atlántico. Las siglas con que se le conoce responden a su nombre en inglés: Comprehensive Economic and Trade Agreement.
¿Quién lo ha negociado?
La Comisión Europea y el gobierno de Canadá. Los comisarios de Comercio, primero Karel de Gutch y desde 2014 Cecilia Malmstrom, han sido los encargados de negociar en nombre de los veintiocho países de la Unión, que han cedido sus competencias en materia comercial al Ejecutivo comunitario. Steve Verheul ha sido el negociador jefe de Canadá hasta agosto, cuando el primer ministro lo sustituyó por Pierre Pettigrew.
Vía libre al referéndum en Italia sobre la reforma constitucional que es clave para determinar el futuro del país.
El 4 de diciembre, primer domingo del mes, es la fecha definitiva que se ha establecido para celebrar el referéndum sobre la reforma constitucional en Italia. Una fecha clave no sólo para el futuro del país, sino también para su primer ministro, Matteo Renzi, quien afirmó hace unos meses que, de perderlo presentaría inmediatamente su dimisión como jefe de Gobierno.
La consulta a la que se someterá a la opinión pública italiana arranca de una iniciativa del propio Renzi cuando aún no era primer ministro. A comienzos de enero de 2014, y poco después de ser elegido secretario general del Partido Democrático (PD), Renzi envió a las diferentes fuerzas políticas una propuesta que contenía una serie de reformas fundamentales entre las que se encontraba el fin del “bicameralismo perfecto”, una suerte de estructura del poder legislativo que daba igual capacidad a las dos Cámaras (la de diputados y el Senado) según la Constitución de 1947. En ese sentido, el político florentino consideraba que esta igualdad en la capacidad legislativa de ambas cámaras constituía un claro impedimento para la gobernabilidad del país. El procedimiento legislativo italiano obligaba y sigue obligando a que un determinado texto, para convertirse en ley, debe contar con la aprobación de las dos Cámaras de un texto idéntico: si una de ellas cambia una sola palabra del proyecto de ley que ha sido aprobado en la otra, entonces debe retornar de nuevo a la Cámara donde inicialmente se aprobó (para después ser confirmado por la otra), lo que ha tenido como consecuencia fundamental una eternización de la tramitación parlamentaria de los diferentes proyectos de ley.
En 1992 Europa pintaba mucho en el mundo, seguramente mucho más que ahora. Sus dirigentes eran conscientes de que se estaba ventilando un determinado modelo de sociedad. Derrumbado el comunismo, solo quedaba elegir entre el capitalismo salvaje que los halcones de la economía norteamericana proyectaban al resto del mundo y los valores humanistas de una Europa que ponía la libertad y la igualdad por encima de la productividad y el beneficio a toda costa.
Acababa de concluir la primera Guerra del Golfo, de la que Estados Unidos impuso una única visión. Lo hizo a través de la CNN, la única cadena de televisión a la que la maquinaria militar y administrativa estadounidense permitió rodar libremente y distribuir a todos los demás medios las imágenes.
Los líderes europeos decidieron contrarrestar el monopolio estadounidense creando su propia cadena paneuropea de información. Hoy, con toda seguridad, aquella iniciativa no hubiera sido posible. Pero en la todavía incipiente Unión Europea se produjo una auténtica conjunción planetaria de dirigentes convencidos de que la UE carecería de un verdadero y decisivo poder si no contaba con grandes medios informativos que transmitieran, educaran y ahormaran los valores del denominado acervo comunitario.
El francés Jacques Delors al frente de la Comisión Europea; François Mitterrand, presidente de Francia; Bettino Craxi, jefe del gobierno italiano, y Felipe González, presidente del gobierno español —todos ellos socialistas—, impulsaron la creación de Euronews, la primera cadena paneuropea de información continua, y la segunda del mundo tras la CNN.
Las emisiones comenzaron el 1 de enero de 1993, coincidiendo con la entrada en vigor del mercado único europeo, el primer gran paso hacia la integración de un continente sacudido por más de dos mil años de guerras, las dos últimas tan mortíferas y letales que envolvieron en su tragedia a todos las regiones.
Victoria esperada de Rusia Unida y baja participación. Más del 52 por ciento de los potenciales votantes de las elecciones parlamentarias rusas no acudió a la cita. Y si acudió fue para apoyar una determinada idea de gobierno. Porque la mezcla de crisis (sanciones económicas del exterior, conflictos de Crimea y Ucrania), más una cierta estabilidad interna, confluyen en un sistema productor de conservadurismo social que beneficia al Kremlin.
El partido que respalda a Vladimir Putin (RU) obtuvo en torno al 54 por ciento de las papeletas electorales de las listas partidarias, a las que habrá que sumar los que sean elegidos individualmente (sistema de voto mayoritario) en 225 distritos. Por el momento, entre los 14 partidos que compitieron electoralmente, además de RU, únicamente el Partido Liberal Democrático de Vladimir Zhrinovski (aquel ultraderechista excéntrico), el Partido Comunista de la Federación Rusa y el Partido Rusia Justa, obtuvieron porcentajes (entre el 15 y el 8%) que les permiten tener representación. Esos tres partidos responden conscientemente al concepto de “oposición leal”, en la que se mezclan los comunistas de Guennadi Ziugánov y los ultranacionalistas de Zhirinoski. Los demás, por el momento, quedan fuera de la Duma, aunque puedan obtener algún parlamentario aislado en la elección individual.
Aunque existe una gran mayoría europeísta, a la vez hay una gran desafección respecto al proyecto europeo, en el que no han visto soluciones reales a los problemas reales.
Hay algo que es más peligroso aún: la pérdida de liderazgo y la fragmentación política en el seno de la Unión. Fenómenos disgregadores, como podemos encontrar en Cataluña o en Escocia, encuentran una parte de su capacidad de movilización en el proceso de debilitamiento de la energía integradora de Europa.
Es tan fuerte la crisis por la que atraviesa la Unión Europea que está poniendo en riesgo el proyecto supranacional más potente e integrador que nuestro continente ha conocido a lo largo de la historia del primer mundo.
No es de extrañar que haya tomado carta de naturaleza el debate "sobre el futuro de Europa", desencadenado definitivamente por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión. Para ello se supone que se reúnen este viernes en Bratislava 27 Jefes de Estado y de Gobierno. Todos los miembros de la Unión menos el que se quiere marchar. Presidirá la reunión informal Donald Tusk, que está haciendo un planteamiento centrado monográficamente en la Seguridad: exterior, interior y económica. Como si eso, sólo eso, fuera el remedio para los males de la Unión.
Por su parte, el Parlamento Europeo ha debatido dos documentos (los ponentes son Bresso, Brok y Verhofstadt), en donde predominan las reformas jurídicas e institucionales, pero no tanto las cuestiones de fondo.
Ambos enfoques son apreciables aunque limitados. No responden suficientemente a lo que los ciudadanos y ciudadanas europeos perciben de Europa. Aunque existe una gran mayoría europeísta, a la vez hay una gran desafección respecto al proyecto europeo, en el que no han visto soluciones reales a los problemas reales: la crisis económica crónica, la desigualdad entre personas y entre países, el terrorismo, las migraciones económicas y de refugiados.
Por Diego Lopez Garrido y ocho firmantes másArticulos
¿Cuál es el estado de las armas nucleares en el mundo y cuál es su futuro?
La Cumbre de Seguridad Nuclear celebrada en Washington el pasado mes de abril demostró que el mundo aún tiene mucho trabajo pendiente en este ámbito. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aseguró que había riesgo de que grupos terroristas como el autoproclamado Estado Islámico se hicieran con armamento atómico. Pero también quedan cuestiones pendientes en materia de disuasión y desarme entre los Estados con este potencial.
Rusia y China no acudieron a la cumbre. Pekín está incrementando sus arsenales nucleares, mientras que Moscú, pese a reducir el número de cabezas, apuesta por modernizar su armamento. Estados Unidos también actualiza sus sistemas, pese a que el presidente Obama llegara a la Casa Blanca con un discurso antinuclear. Corea del Norte siempre es una incógnita; qué hará. Pakistán también aumenta su capacidad.
“I am proud to be a rebel and shall cling to my rebellion with the last drop of my blood”. Roger Casement
Hace un siglo, el 3 de agosto de 1916, Roger Casement fue ahorcado en la prisión londinense de Pentonville cuando tenía 51 años. En Europa, los relatos históricos siguen siendo nacionales y por eso la figura de Casement, que varios autores insisten en calificar de “romántica”, no es tan conocida como en su país natal, Irlanda.
Diversas peculiaridades y su trayectoria personal convierten a Casement en una figura histórica de gran interés. En el mundo de lengua española, un libro, “El sueño del celta” (2010), de Mario Vargas Llosa, rescató la memoria de Casement. Merece la pena recordarlo, el libro y la memoria del héroe irlandés, quien tuvo una muerte horrible y fue ejecutado en unas circunstancias muy sórdidas. La suya fue una ejecución más en la serie trágica que siguió a la rebelión irlandesa de 1916, la llamada “sublevación de Pascua”. Quince destacados líderes de la rebelión habían sido ejecutados antes, entre el 3 y el 12 de mayo de 1916; entre ellos, James Connolly, a quien el mando militar británico ordenó atar malherido a una silla antes de fusilarlo.
Para la mayoría de los habitantes de Irlanda, la Rebelión de Pascua había sido una más en la historia de las revueltas irlandesas contra el gobierno británico, periódicas a lo largo de siglos. Pero la inhumanidad inflexible y brutal con la que el poder de Londres llevó a cabo aquellas ejecuciones favoreció una rápida evolución emocional hacia la causa de los rebeldes. Los ejecutados se convirtieron en mártires de la causa republicana irlandesa.
Un destino trágico y singular
Así que la de Casement no fue sino la ejecución número 16, aunque tuviera lugar –singularizada- meses más tarde que las de sus compañeros de infortunio.
Algunas instituciones internacionales y diversos intelectuales, como el poeta William Butler Yeats o los también escritores Arthur Conan Doyle y George Bernard Shaw, pidieron clemencia para el acusado Casement, quien estaba enfermo de malaria. También se pronunciaron a su favor el Vaticano, el Senado de los Estados Unidos de América y casi una treintena de parlamentarios británicos.
El juicio contra Roger Casement duró únicamente cuatro días. Tuvo una amplia repercusión en la prensa de entonces.
La condena se apoyó en una ley medieval bajo la acusación previa de “alta traición”. Lo condenaron a muerte “por una coma” del articulado de una ley de 1351 que –como es lógico desde el punto de vista histórico- estaba escrita en francés normando. De ahí, la polémica por la coma maldita en una frase jurídica que hubo que traducir al inglés moderno para que produjera el efecto deseado por la acusación.
El fiscal que lo acusó fue Frederick Edwin Smith, conservador inglés, amigo de los unionistas norirlandeses y enemigo declarado de la independencia de Irlanda. Smith no sólo acusó de traidor a Casement, sino que contribuyó a lanzar una sucia campaña de desprestigio contra él por su homosexualidad (entonces socialmente rechazable y legalmente punible). Esa campaña tuvo como objetivo desviar las simpatías que Casement despertaba entre amplios sectores de la opinión no sólo de Irlanda, sino también de la propia Gran Bretaña.
Hurgaron en su ano, investigaron sus intestinos, para intentar extraer una prueba de su homosexualidad. En algún momento, confirmar su orientación sexual pareció el objetivo oficial preferente, por encima de su adhesión a la causa de los rebeldes.
Una figura contra la explotación y el maltrato
Mediante aquellas intrigas siniestras, también querían hacer olvidar dos características de Roger Casement: su carrera diplomática y administrativa, dentro del marco del funcionariado colonial británico, y sus denuncias de diversas brutalidades de las que había sido testigo.
Tras trabajar en una empresa comercial británica (desde los 15 años) con intereses en aquel continente, fue enviado a África. Su curiosidad imbatible, le llevó a aprender varias lenguas africanas. Más tarde, en 1892, entró en el servicio colonial británico, donde ejerció diversos cargos diplomáticos.
Entonces, publicó un informe de 60 páginas –algunos lo consideran un investigador y reportero eficaz- en donde ofrecía los detalles del trato brutal que sufrían los trabajadores congoleños, y la población nativa en general, bajo el dominio de Leopoldo II, rey de los belgas. En sus escritos no hay sensacionalismo, sino reflejo de lo que veía y analizaba. En Sudáfrica, criticó a los boers por su forma de tratar a los habitantes negros del país; pero luego hizo lo mismo con sus conciudadanos británicos. Pocos años después, una comisión parlamentaria belga confirmaría lo referido en el informe Casement. Y parte de esa experiencia sería compartida y aprovechada por su amigo y escritor Joseph Conrad, quien –sin embargo- se negó a pedir clemencia por él cuando Casement fue juzgado.
En 1911, había obtenido el título de Sir por sus servicios en la Administración imperial. Era hijo de padre inglés, protestante y militar, y madre católica irlandesa. Huérfano de ambos cuando era un niño, lo criaron unos parientes como católico (su madre le había bautizado en secreto). Entonces, las discriminaciones por esa pertenencia comunitaria persistían en Irlanda. De modo que puede que fuera por esas circunstancias, por lo que Casement se inclinó siempre más tarde por los más explotados de la sociedad. Además de su informe del Congo, es conocido por haber hecho otro –cuando era cónsul en Perú- sobre las condiciones de los trabajadores indígenas en las plantaciones de caucho del río Putumayo. Algunos reportajes de denuncias en el mismo sentido tienen firmas que pueden esconder la autoría de Casement, ya que él como diplomático no podía asumir aquellas denuncias públicas. Su informe oficial, hecho público en 1912, tuvo un gran impacto en varios países.
Como republicano irlandés
Se retiró definitivamente en agosto de 1913, aunque ya lo había hecho parcialmente unos años antes. Depresivo, desilusionado y distante de las instancias oficiales, se unió a los Irish Volunteers tres meses después. Esos Voluntarios Irlandeses eran una organización paramilitar, vinculada a los grupos nacionalistas irlandeses, que surgió como autodefensa frente a los Ulster Volonteers, grupo paramilitar protestante norirlandés.
Casement terminaría sus días como un héroe trágico, como una víctima tanto de la represión política como del odio dominante hacia los intelectuales homosexuales de la época victoriana. Su inteligencia y valor escondían su fragilidad existencial. La acusación contra él utilizó un documento privado: los llamados Black Diaries, donde se supone que Casement había reflejado su vida sexual. Aunque fueron utilizados por el acusador público, y se filtraron extractos de esos textos para intoxicar a la opinión pública, los Black Diaries no fueron desclasificados por el Reino Unido hasta 1959.
La intención clara fue mostrarle antes los lectores de periódicos como “un degenerado” para restar simpatías a su causa personal y la de los rebeldes irlandeses. Ha existido una polémica sobre la verdadera autoría de esos diarios, pero durante los últimos años parece aceptarse que son auténticos. Lo importante es que los servicios británicos utilizaron su vida privada contra él, como lo hicieron en otros casos con figuras del nacionalismo irlandés.
Durante la I Guerra Mundial, Irlanda vivió las turbulencias de quienes favorecían o se oponían al reclutamiento de irlandeses para luchar con las tropas británicas en las trincheras de Europa. Fue en ese contexto en el que Roger Casement ayudó a crear los Irish Volunteers, que estaban por la independencia y contra la participación en la Gran Guerra.
Se encargó de viajar secretamente a Alemania para conseguir armas para los rebeldes de su isla de origen. Fue capturado tras desembarcar de un submarino alemán en una playa irlandesa del condado de Kerry (suroeste de Irlanda). Faltaban pocos días para la fecha fijada por los líderes de la rebelión para empezar las hostilidades contra el poder británico. Intentó en vano convencer a sus compañeros de que los preparativos y el armamento de que disponían eran insuficientes. Quiso detener la revuelta en marcha, pero no lo logró.
Pereció en la horca, como si fuera un vulgar malhechor, y no fusilado como James Connolly y otros rebeldes irlandeses.
En 1965, la República de Irlanda repatrió sus restos, que seguían en territorio inglés. La ciudad de Dublín vivió una gran ceremonia pública, con presencia de multitudes en las calles, en una serie de actos de homenaje encabezados por el presidente Éamon de Valera, único líder de la Rebelión de Pascua que aún seguía vivo. Hoy, 3 de agosto de 2016, y cuando acabo de escribir estas líneas, leo que ciudadanos congoleños residentes en la República de Irlanda se han sumado a los actos de memoria que recuerdan la figura de Roger Casement, aquel rebelde humanista que fue ejecutado hace cien años.
Los autores del golpe de Estado fallido en Turquía han sido detenidos. El presidente Recep TayyipErdoğan cree que están vinculados al intelectual (o clérigo islamista) Fetullah Gülen, exiliado en Estados Unidos, su antiguo aliado. No está claro que sea así.
Entre los detenidos, se encuentra Akin Özturk, exjefe de las fuerzas aéreas. El domingo, el número de detenidos por presunta implicación en el golpe superaba la cifra de seis mil personas. La mayoría de los arrestados son oficiales, soldados y militares de todos los niveles jerárquicos: cadetes de academia, jefes de la gendarmería, responsables de unidades blindadas o de las fuerzas aéreas.
Según dice en el diario Le Monde Ahmet Insel, catedrático emérito de la Universidad de Galatassaray, otros altos jefes militares son acusados de permisividad o inacción hacia los militares rebeldes, lo que revela más bien imprevisión de los golpistas. Hay coincidencia en señalar la mala preparación del golpe.
Los rumores y fulgurantes teorías del complot hablan -entre otras cosas- de “autogolpe” de Erdogan para deshacerse de potenciales rivales civiles o militares. Han empezado las detenciones y destituciones de quienes lo detestan en el seno del aparato judicial. Y en la etapa histórica de Erdogan no es la primera vez que altos funcionarios militares son detenidos y juzgados por presuntas acciones preparatorias de golpes de estado. En cualquier caso, se ha demostrado el progresivo debilitamiento del viejo poder militar laico desde que Erdogan y su partido, el AKP, llegaran al poder.