En el tercer aniversario de Europa en Suma. Recuerdo del contubernio de Munich: el encuentro de la reconciliación.

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Los valores de la reunión de Munich, hace ahora cincuenta años, son los valores que después encarnaría el espíritu de la Transición y que iban a quedar reflejados en la Constitución Española de 1978. Esta es una de las ideas clave que surgieron y se desarrollaron ampliamente durante el acto organizado por Europa en Suma el pasado día 7, bajo el epígrafe de Del contubernio de Munich a la crisis del Euro. Aquellos valores, estas soluciones.

Fue en el marco de las jornadas que el ministerio de Asuntos Exteriores ha promovido para recordar aquel acontecimiento que tuvo lugar los días 5 y 6 de junio de 1962,  en el entorno del IV Congreso del Movimiento Europeo que se celebraba en la capital bávara: el encuentro de más de un centenar de representantes de la oposición democrática a Franco, tanto del interior como del exilio, y la declaración, firmada por unanimidad, en la que los asistentes, encabezados por Salvador de Madariaga, pedían para España un régimen democrático de libertades y derechos de cara a la anhelada incorporación del país a Europa.

Las imágenes de Televisión Española, las únicas que se conservan de a aquella reunión de hace cinco décadas, ilustraron eficazmente el diálogo que mantuvieron los invitados de Europa en Suma, reunidos para la ocasión en el Auditorio de la Casa de América, en Madrid, entre ellos, tres testigos directos del “contubernio” (como lo denominó, despectivamente, la prensa franquista de la época), supervivientes de la cita de Munich, Fernando Álvarez de Miranda, José Federico de Carvajal y Carlos María Bru.

Como apuntó lúcidamente Álvarez de Miranda, el encuentro de Munich no tenía la pretensión, por sí mismo, de acabar con la dictadura imperante en España. Aspiraba, y no era poco, a superar el recuerdo trágico de los enfrentamientos de 1936 y de la guerra civil, tan presentes aún en la memoria colectiva. De hecho, como se resaltó en la conversación, el mayor temor del régimen y lo que más irritaba a Franco del llamado contubernio era precisamente la idea de una reconciliación entre los dos bandos, porque la dictadura siempre se esforzó por mantener el tono y el espíritu de la guerra civil que se simbolizaba y se realimentaba en los desfiles de la Victoria.

Por eso los que tuvieron la valentía de viajar desde España para participar en ese encuentro (en el que estuvieron, como dijo Madariaga, “todos, excepto los totalitarios de ambos bandos”), fueron descalificados y denigrados por la prensa franquista, tachados de “traidores a su patria” y represaliados a su vuelta a territorio español. Según recordaba Álvarez de Miranda, en las concentraciones organizadas por el régimen se llegaba a la irracionalidad de gritar eso de “¡Los de Munich, a la horca!”

En el acto de Europa en Suma estaban también José María Gil-Robles, hijo del histórico líder de la CEDA (que fue uno de los grandes protagonistas del encuentro de Munich), y el exministro socialista Enrique Barón. Los dos han sido presidentes del Parlamento Europeo y,  en el coloquio en la Casa de América, expresaron su visión sobre las incertidumbres del momento actual en la marcha de la construcción de Europa.  Gil-Robles destacó el hecho esperanzador de que en la época del contubernio de Munich “queríamos ser Europa….y hoy somos Europa”. Y resaltó la importancia de la calidad de los líderes políticos: la honradez, la transparencia de los gobernantes, dijo, y también la trascendencia de luchar por la justicia social.

Se habló también de la importancia del consenso a la hora de encontrar soluciones a las crisis. Aunque alcanzar el consenso nunca es fácil, porque, como recordó Enrique Barón, tampoco resultó fácil llegar al consenso para la Constitución del 78. Y a los jóvenes representados en este acto de recuerdo a lo que significó el encuentro de Munich, se les recordó la importancia de participar (en las elecciones al parlamento europeo, entre otros terrenos) y de trabajar activamente, no tanto en el corto plazo, sino pensando en el futuro. Porque los tiempos de la construcción Europea, como recordó Gil-Robles, son tiempos lentos: “tiempos históricos”, dijo. Y Enrique Barón destacó por su parte que las crisis no deben ser para desesperarse, sino para luchar, y para salir de ellas con esfuerzo y trabajo.

Con el auditorio de la Casa de América abarrotado de un público interesado por el tema, Juan Cuesta orientó una charla viva y sugerente, enriquecida por fragmentos del documental que Televisión Española emitió hace ahora veinticinco años sobre las vicisitudes y las consecuencias del Contubernio de Munich.

El acto, por lo demás, coincidió con la celebración del tercer aniversario de Europa en Suma: tres años de vida en los que nuestra asociación ha desarrollado una intensa actividad de diálogo y difusión de los ideales europeístas,  y de promoción del acercamiento entre los pueblos europeos a través del conocimiento mutuo. Una tarea de la que, en este aniversario, Europa en Suma, sus socios y sus amigos y simpatizantes, pueden sentirse orgullosos.

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