Los chicos malos de la UE

Los chicos malos de la UE

El grupo de Visegrado y sus desavenencias con Bruselas en la tertulia de Europa en suma, con Ruth Ferrero, coordinadora del grupo Eurasia e investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

Grupo Visegrado Union Europea divisiones EDIIMA20170302 0691 4En aquel tiempo, poco después de la caída del muro de Berlín, todos los dirigentes que llegaban a Alemania, que  ya había adquirido la voz cantante en el continente tras la unificación, subrayaban que era necesario y urgente la ampliación de la entonces Comunidad Europea a los llamados “países del  este”.

En 1991, Checoslovaquia (formada entonces por Bohemia Moravia y Eslovaquia), Hungría y Polonia firmaban el pacto de Visegrado para acelerar el proceso de integración en Europa. Un pacto que hundía sus raíces en la Historia: los reyes de Hungría, Polonia y Bohemia firmaron un pacto de no agresión y de colaboración en el lejano 1335.

Pocos hablaban de la profundización de la CE, aunque la unificación alemana impuso la creación de la Unión y de la moneda común. Francia buscaba anclar al nuevo gigante y Helmut Kohl quería una Alemania europea, no una Europa alemana.  La integración europea, ya sabemos, quedó un tanto coja como puso de manifiesto la crisis de 2008.

mapa del grupo de visegrado 66926600Para Alemania era urgente la ampliación, porque esa Mitteleuropa era y es su patio trasero, como demostró con el unilateral reconocimiento, al margen de Bruselas, de Eslovenia y Croacia en diciembre de 1991, los dos territorios más septentrionales de la antigua Yugoslavia, vecinos de Austria.

Los aviones que volaban de Frankfurt a Budapest en la década de los 90 iban llenos de ejecutivos alemanes que planeaban en sus ordenadores la compra de las estatales industrias magiares. Audi (grupo Volkswagen) montó su gran fábrica de motores en Györ, al oeste de Budapest, con mano de obra barata, para motores que salen con un Made in Germany.

Francia- Mitterrand-Renault y Alemania-Kohl-Volkswagen iniciaron una carrera para ver quien se quedaba con la joya industrial del Este, la checa Skoda. Ganó Alemania, claro. Mitterrand tuvo que conformarse con la rumana Dacia.

En realidad, es incorrecto hablar de “países de este”; hay que distinguir entre la Europa oriental y la central,  parte del viejo imperio austro-húngaro. Si hablamos vagamente de esos países no sabremos nada. Si les ponemos imágenes veremos cómo Praga era ya la capital del Sacro Imperio con Carlos IV, su pasado esplendor, arruinado por la ocupación soviética.

En  Bratislava, capital de Eslovaquia, Mozart dio su primer concierto. Budapest tuvo el primer metro del continente, segundo en Europa después del de Londres. Bohemia era un gigante industrial antes de la segunda guerra mundial, vidrio plano, locomotoras Skoda.

Y ahora, checos, eslovacos, húngaros y polacos son socios díscolos y se reconocen a sí mismos como los “chicos malos”. Los llamados V4 se han beneficiado enormemente de los subsidios de la UE, (Hungría y Polonia son los grandes receptores netos de la Unión), no son euroescépticos, pero no aceptan cuotas de migrantes, ni la centralidad de Bruselas. Los magiares, dicen los expertos, tienen una larga tradición de lucha contra los imperios, turco, austríaco, nazi o comunista. Y a la Unión le preocupa que la auto declarada democracia “iliberal” del primer ministro Viktor Orban inspire a los países vecinos y plantea recortar sus ayudas. 

No es malo ser eurocrítico, afirma Rut Ferrero, pero siempre que hablamos del grupo de Visegrado parece que lo estemos haciendo del malo de la película.

9371723 liptovský mikulá eslovaquia abril de 2011 vapor locomotora albatros de skoda tirando tren turístico en la uniEn primer lugar, puntualiza, tenemos que preguntarnos  qué eran estos países antes de su incorporación a la Unión. Eran y son extremadamente nacionalistas, como herencia de la ocupación soviética. Hubo en esa zona profundas limpiezas étnicas  de minorías, turcas, húngaras, judías o gitanas.

Como consecuencia, la presencia soviética dejó una sociedad civil muy poco organizada. El financiero judío de origen húngaro, George Soros, organizó foros, precisamente, para la protección de las minorías.

En tercer lugar, precisa Ferrero, el proceso de creación de un estado de derecho, de instituciones en esos países, ha sido muy débil. La UE no reforzó los derechos de los ciudadanos tras la integración y van triunfando los grupos más derechistas.

La ampliación, subraya la profesora, no fue técnica sino política, había que desplazar la frontera oriental de Europa hacia el Este. El resultado es que las Constituciones de los nuevos miembros están diseñadas por la Escuela de Chicago: son ultraliberales, presidencialistas, con pocos derechos sociales y sin control de la economía de mercado.

Frente a las violaciones de las normas por parte del V4, nos encontramos a una UE que vive una triple crisis, de valores, institucional y económica. Con el añadido del tema de los refugiados, del Brexit, y de la crisis de los partidos tradicionales, sobre todo del socialismo. No hay propuestas de la izquierda a la situación en Chequia o en Polonia.

au130533 medium1La Unión prevé en su Tratado sanciones para las derivas autoritarias, como sucedió en el caso de Austria en la época de Haider. En Polonia, la base social es muy europeísta. El problema es que el poder se sostiene allí por la llegada de fondos europeos y ahora Bruselas se plantea recortar esas ayudas para debilitar al gobierno. Pero, al mismo tiempo, no quiere ser vista como una mala madre.

En la tertulia surgen las reflexiones: esos países quizá no estaban preparados para entrar. Pero hecha la ampliación  y ante la pérdida de euroentusiasmo, no serían correctas las sanciones, porque la ciudadanía sufriría otro batacazo como en Grecia. Los estamos perdiendo, los podríamos perder.

El representante de la embajada de Hungría, que preside Visegrado, se defiende las críticas. No volvimos a Europa, dice, siempre hemos estado en Europa, salvo las cuatro décadas de ocupación soviética. No es cierto que los medios estén controlados por el gobierno, que hay muchos críticos (se le puntualiza que los grandes medios sí están controlados). Si no hay sanciones, añade, es que no hay motivos. En cuanto a los refugiados, está claro, asegura, que la mayor parte no tenían derecho a ser reconocidos como tales. No somos antieuropeos por estar en contra de la entrada ilegal de extranjeros, tenemos la obligación de defender las fronteras europeas, como hace España.

c700x420Los de Visegrado no son ni los buenos ni los malos de la película, señala al final de la charla un tertuliano. Tenemos unos valores comunes que hay que cumplir.

El problema está en saber cuáles son esos valores, esas posiciones comunes, porque si Trump ataca a Siria, no se oye una voz europea, solo la de Francia. Y Alemania, la gran Alemania de los últimos años, ha entrado en fase de silencio profundo.Grupo Visegrado destaca importancia fronteras EDIIMA20160829 0615 4

 

 

 

 

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