Cuba, pasión por lo alemán.

cubaLa verdad es que podía haber puesto varios títulos a este texto, porque Cuba, la situación cubana, es muy proteica y se presta a muchos titulares, análisis e interpretaciones. Cuba y la perversión del lenguaje. O Del Cuba Libre al Coco Libre, por ejemplo.

De entrada, tenemos que reconocer una cosa: nuestro castellano, el de España, es muy pobre si lo comparamos con la riqueza del que se habla y se escribe en Colombia, Méjico, Nicaragua y, sobre todo, en Cuba.

Cayó el muro de Berlín en 1989; cayó la URSS dos años después y parecía que en la gran isla del Caribe iba a desaparecer el socialismo, como sucedió en los países del centro y este de Europa. No, shico. Allí, Fidel decretó el Periodo Especial. Quería decir que había electricidad unas horas al día, se viajaba en camiones de ganado (no en guagua, linda palabra, pardiez) y el PIB bajó un 30%. Era realmente especial. Especialmente jodido.

Cuba es un país lindo de lenguaje florido donde a los guardaespaldas se les llama custodios y a los parados trabajadores disponibles. Y los habaneros dicen que el régimen no es sanguinario, sino sanguíneo, porque el poder se transmite por la sangre: Fidel, Raúl, y después vendrá el hijo de éste, el misterioso coronel Alejandro.

Lecciones comunicativas de la victoria de Trump

Contenido originalmente publicado en Periodismo Global, la otra mirada.

trump

La victoria de Donad Trump ha causado una gran conmoción entre periodistas, medios y estudiosos de la comunicación. Medios y periodistas (liberales) se preguntan qué han hecho mal y los comunicólogos por qué no fueron capaces de predecir el fenómeno. El debate está siendo muy vivo en todas partes, especialmente en Estados Unidos.

Esta es mi síntesis personal de las lecciones que se desprenden de este debate.

1. La victoria de la televisión basura

Berlusconi era el dueño e ideólogo de la televisión basura y convirtió la política italiana en un reality, donde él era siempre víctima de una conspiración comunista.

Trump es una de las grandes creaciones de la neotelevisión. Se ha hecho asimismo no como hombre de negocios (eso le venía de herencia) sino como celebrity, con sus matrimonios y divorcios y, sobre todo, como protagonista de un programa de telerrealidad. Desde su trono prepotente gritaba a los aspirantes “You’re fired” “Estás despedido”. Ahora puede despedir a todos los que se le opusieron y nos está diciendo a todos los que en cualquier lugar del mundo creemos en valores de igualdad, justicia y tolerancia “Estás despedido tú y tus valores”.

¿Puede cualquier estrella de la telerrealidad hacer una carrera política con éxito? Bueno, Berlusconi y Trump ya eran millonarios. Hay ejemplos de presentadores de televisión que, por ejemplo en Brasil, han saltado a la política. Las estrellas de la telerrealidad son tan zafios, ignorantes, agraviados, indignados, deslenguados como cualquiera de nosotros. Su potencial de identificación es gigantesco. Sólo necesitan alguien que los modele, les marque el rumbo político y por supuesto los financie. Hitler no hubiera llegado a ninguna parte sin el dinero de la gran industria alemana. Cada sociedad tiene su propias característica, por tanto no deben hacerse traslaciones deterministas, pero, sí, un Trump puede surgir en cualquier parte, con más probabilidad de éxito en países con instituciones débiles y sistemas de elección directa de los candidatos.

Las televisiones trataron al candidato como celebrity que atraía audiencia con sus ocurrencias y salidas de tono. Le hicieron la campaña (al menos la de las primarias republicanas) gratis.

La televisión basura crea personajes, pero, sobre todo, modela los valores de una sociedad. Esos valores han sido el caldo de cultivo de Trump.

Manual europeo urgente ante Trump

Publicado originalmente en El Huffingtonpost

Donald Trump

Leerán muchos análisis de profundidad sobre las causas y las consecuencias de la victoria de Donald Trump. El mío no pretende serlo, pero sí aspira a dejar a bote pronto y para su reflexión media docena de ideas claras:

Trump ha ganado porque le han votado libremente 57 millones de ciudadanos norteamericanos. Nadie ni nada les obligaba a hacerlo. Sabían perfectamente qué candidato y qué propuesta política estaban apoyando con su papeleta: populismo, xenofobia, racismo, machismo, capitalismo salvaje y amistades como la de Vladimir Putin estaban incluidos en la oferta con nitidez. Por tanto, 57 millones de estadounidenses han llevado a la Casa Blanca a un presidente que, probablemente, actuará en consecuencia (aunque todos esperamos que los frenos y contrapesos de la democracia estadounidense funcionen eficazmente una vez más). Que luego no digan aquello de "yo no lo sabía", porque tanto ellos como los 56 millones que han apostado por Hillary eran plenamente conscientes de lo que estaba en juego.

Esos votantes no viven en Marte, sino en los Estados Unidos de América. Algo muy grave tiene que fallar en ese país para que la mayoría de sus electores hayan elegido presidente a Trump con tan sugestivo programa. Si la voluntad individual es la que introduce la papeleta en la urna, las condiciones objetivas juegan un papel determinante en hacerlo. ¿Por qué subsisten el racismo y la xenofobia con tales niveles de intensidad en un país que terminó su Guerra Civil hace 151 años?, ¿cómo es posible que al primer presidente afroamericano le vaya a suceder su antítesis en un movimiento tan brutalmente pendular?, ¿seguirá siendo imposible que una mujer acceda a la Casa Blanca? Una cosa más: no hace mucho afirmé en un debate que la gestión de la presente crisis económica no había sido mejor en USA que en la UE y me cayeron chuzos de punta. Me temo, sin embargo, que no iba tan desencaminado a la vista de los resultados electorales.

1956, la revolución húngara que avergonzó a la izquierda

seminario 1956 revolucion hungaraDurante muchos años el levantamiento de Hungría contra el poder comunista y las imposiciones de Rusia apenas obtuvo reconocimiento entre las nutridas filas de la izquierda europea. La potente maquinaria propagandística soviética compró literalmente a numerosos intelectuales, que se encargaron de minimizar aquel episodio como una contrarrevolución fascista.

Obviamente, no todos comulgaron con aquella inmensa rueda de molino, y ahí estuvieron, entre otros, Arthur Koestler, Hannah Arendt o Albert Camus, que escribió La sangre de los húngaros, para demostrarlo.

Este 4 de noviembre se cumplen 60 años de la entrada a sangre y fuego en Budapest de las 17 divisiones del Pacto de Varsovia para aplastar las “contrarrevolucionarias” aspiraciones que el primer ministro Imre Nagy había planteado a Moscú: libertad de pensamiento, de expresión y de reunión; pluralidad de partidos políticos, y neutralidad del país con salida inmediata de las tropas de ocupación soviéticas, es decir exactamente lo mismo que había conseguido Austria un año antes, en 1955.

Enikó Gyóri, la embajadora de Hungría en España, ha tenido la feliz idea de impulsar una jornada de memoria, debates y recuerdos, que ha reunido bajo la hospitalidad de la Fundación Areces y la colaboración del CEU a numerosos catedráticos, exiliados forzosos de entonces e historiadores, para glosar y analizar el significado de la Revolución de Hungría de 1956 y su colateral impacto en España.

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