La gripe del volcán

logoasoc-02¡Oh, no! ¡For Gods´s shake! ¡Scheisse! Exclamaciones como éstas y peores, pronunciadas en las diversas lenguas de la UE, se han podido escuchar en los últimos días en los aeropuertos del viejo continente  y en los hogares, donde los espectadores de TV asistían asombrados al caos aéreo.

image-80155-galleryV9-myve“Ahora que no hay huelga de controladores, de pilotos, del personal de tierra o de los aeromozos y aeromozas, nos llega esto”, decían algunos, tirados ante las pantallas muertas de los aeropuertos, donde todos los vuelos aparecían como cancelados.

Y es que a los Poderes les gusta asustar al personal desde los tiempos de Babilonia para sujetar y amaestrar a las peligrosas masas. Una vez es un “bichito”. Otra, unos “hilitos como de plastilina”. En algunas, un pato mareado que aparece en una zona húmeda de la Rioja. O un cerdo cojitranco en el Yucatán.

En esta ocasión han sido son finísimas partículas de sílice lanzadas al aire por el volcán de nombre impronunciable, salvo que se haya nacido cerca de Reikiawik, que termina en algo así como jökl. Se decía que las cenizas podían bloquear las turbinas de los aviones o reventar las ventanillas.

La incineración de residuos genera dioxinas

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) acaba de publicar un informe, encargado por la Comisión Europea, con objeto de proteger a los consumidores, que concluye que el 8% de los alimentos y piensos en la Unión Europea exceden los niveles máximos permitidos de dioxinas y de policlorobifenilos (PCB). Para ello se han analizado 7.000 muestras recogidas en 21 Estados miembro entre 1999 y 2008.

Además de las superaciones de los niveles máximos permitidos, se han encontrado niveles menores de dioxinas en muchos alimentos. Si bien estas sustancias no causan problemas inmediatos en la salud, la exposición a largo plazo de personas y animales a las dioxinas y sus derivados puede tener graves consecuencias, incluidos varios tipos de cáncer. Su persistencia y su capacidad de acumulación, principalmente en el hígado y en la grasa, plantea serios problemas ambientales y de salud. Además, son muy volátiles y se pueden encontrar a varios kilómetros del foco de emisión. Estos contaminantes afectan incluso a la calidad de la leche y de los huevos de los animales de los alrededores.

El euro al rescate de Europa

Es el título del libro que ha coordinado, Federico Steinberg, invitado en la sección de nuestra experta en análisis de la actualidad internacional, María dolores Albiac, que analiza hoy las turbulencias del Euro.

Podcast de RNE, programa Otros Acentos, emitido el 05/04/2010, con nuestra consocia Mª Dolores Albiac.

Un alemán grande. Un europeo

logoasoc-0200064522Cada año pesaba más kilos, a pesar de que todos los veranos seguía curas de adelgazamiento en Austria. Pero el gigante, alto pero de peso mediano antes de ser canciller, llegó a coger los 130 kilos en tiempos de la unificación. Temblaba el suelo  cuando llegaba a las ruedas de prensa. Su presencia imponía. Miraba a un lado y otro con desconfianza, porque esperaba preguntas agresivas. Luego, comenzaba con su lenguaje, siempre sencillo, del que muchos se reían. Era doctor en historia pero la gente se mofaba de su tesis. Le llamaban “campesino” como si eso fuera malo. Había nacido en Ludwigshafen, Palatinado, el suroeste católico alemán. La prensa alemana, concentrada en la hanseática Hamburgo, protestante, culta y socialdemócrata en su mayoría, le despreciaba. Pero él tenía la sagacidad de la provincia.

En 1982 llegó a la cancillería  gracias a la “puñalada por la espalda” del partido bisagra alemán, los liberales del FDP, que apoyaban hasta entonces al socialdemócrata Helmut Schmidt. Una buena parte del SPD había abandonado al canciller en su empeño de responder a la instalación de missiles soviéticos de medio alcance SS20 con los norteamericanos Pershing 2 y Cruise. Europa podía convertirse en teatro de operaciones nuclear. Las manifestaciones en contra arreciaban en la calle. Pero el nuevo canciller democristiano y los liberales llevaron adelante el programa de Helmut Schmidt. La solución al drama llegó en 1988. Los Estados Unidos y, sobre todo, la Unión Soviética del reformista Gorbachov, eliminaban unos missiles y otros. La última partida de póker de la guerra fría había terminado. Los dos bloques dialogaban. Las  consecuencias se verían apenas un año más tarde, con la caída del muro de Berlín y la consiguiente unificación alemana.

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