El cambio se hará esperar en una Polonia fracturada

Artículo publicado originalmente en Atalayar.com

La ajustadísima victoria del actual presidente de Polonia, Andrzej Duda, frente al alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, es un revés para quienes aspiraban a reponer plenamente sobre los raíles europeos a un país al que Bruselas ha abierto hasta cuatro expedientes por considerar que sus reformas ponían en peligro el estado de derecho. Respaldado por el gobernante Partido Ley y Justicia (PiS), Andrzej Duda es el ejecutivo cabal de los programas diseñados por Jaroslaw Kaczynski, considerados el arquetipo del integrismo: una Justicia tutelada por el Ejecutivo; una abominación de los derechos de la comunidad LGTB; una férrea oposición a las cuotas de admisión comunitaria de inmigrantes y refugiados, y una visión bastante laxa respecto de los equilibrios medioambientales. Todo ello aderezado, además, con un sistema de pensiones blindado y de subvenciones y ventajas a la población más envejecida. 

Y después de Putin, más Putin

Publicado originalmente en Atalayar.com

Si Dios le concede una larga vida, Vladimir Vladimirovich Putin estará al frente de los destinos de Rusia al menos hasta 2036, sobrepasando incluso las tres décadas del “padrecito” Stalin. Su rotunda victoria en el largo referéndum de siete días para aprobar las 206 enmiendas constitucionales le conceden la legitimidad que buscaba, una vez que Duma y Tribunal Constitucional ya le habían dado su visto bueno.

El antiguo coronel del Comité de la Seguridad del Estado, el temible KGB, le tiene bien tomada la medida al pueblo ruso. Su deriva conservadora y nacionalista ha devuelto el orgullo perdido a una nación que se creyó hiperpotencia, en pie de igualdad con Estados Unidos durante la Guerra Fría, pero que se sintió miserable y humillada cuando el derrumbamiento del Muro de Berlín (1989) y de todo el sistema comunista dejó al descubierto la triste realidad del otrora denominado “paraíso socialista”. 

El momento hamiltoniano de la Unión Europea

Atalayar Reunión Consejo EuropeoDesde la gravísima crisis financiera de 2008 han proliferado los augures de la desaparición de la Unión Europea. Ciertamente, los momentos críticos la han puesto a prueba y quienes apostaban por la implosión jugaban con bastantes posibilidades de acertar. El desgarro de la crisis migratoria y los jirones de energía malgastados en el brexit, han testado la solidez del proyecto más grandioso de unificación y cesión voluntaria de soberanía de la historia. Ahora, la pandemia del coronavirus ha provocado un nuevo movimiento sísmico, que aún amenaza los cimientos mismos de la UE. 

En los 35 años desde que España y Portugal se unieron a la CEE

 

El 12 de junio de 1985, España y Portugal firmaron el Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas, celebrándose sendas ceremonias en la mañana en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa y por la tarde en el Palacio Real de Madrid. Se convirtieron en parte del proyecto político más extraordinario de la segunda mitad del siglo XX. Para nuestros dos países, esta adhesión se confunde con la democracia: pertenecer a la entonces CEE no sería posible sin democracia; y la democracia sería muy frágil, y quizás incierta, sin adhesión.

La revolución de 1974 en Portugal allanó el camino para las elecciones constituyentes y una nueva Constitución. El Primer Gobierno Constitucional, presidido por Mário Soares, pidió inmediatamente, en 1976, que Portugal se uniera al Mercado Común. El Gobierno de Sá Carneiro y Freitas do Amaral, en 1980, relanzó el proceso, que, mientras tanto, la inestabilidad gobernativa había paralizado. Bruselas pronto definiría que Portugal y España entrarían en la misma fecha, si el proceso de España, que comenzó más tarde, avanzase a buen ritmo. Así sucedió, de nuevo en un gobierno presidido por Mário Soares.

TOP