Violetas y cafés; sensibilidad y autoritarismo: Hungría, hoy.

f1Caminas por la orilla del gran río de Europa, que la cruza de oeste a este. Hace frío. El invernal viento centroeuropeo corta las mejillas. Estás en Budapest, la perla del Danubio como la llama Claudio Magris, cerca del Parlamento, ese horrible edificio que parece una gran tarta de boda para parejas con pretensiones. Buscas un café. Hay uno con el río a la derecha y el Parlamento enfrente. El camarero, muy amable, te trae un café. Pero en el platillo viene acompañado por flores de violetas.

¿En qué lugar del mundo puedes encontrar algo así, tan refinado, que da ánimo y luz en los crudos días de invierno? Sí, en una cafetería de Budapest. Los turcos dejaron el grano tras el cerco de Viena y la ocupación de Buda, la otra parte de la ciudad. Los locales inventaron el café, la cafetería.

2019, rebelión animal en la granja Trump

2019 trumpDonald JohnTrump se queda mudo después de que los gremlins de Twitter le salpiquen la lengua con sus espumarajos. La Casa Blanca se convierte en un pub abierto día y noche. El jefe de la CIA pasa a ser un camarero con horario preferentemente diurno.

El saudí Mohammad bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud obtiene un contrato por horas en la Casa Blanca. Tiene turno de noche. Siempre. Controla (y valora también) la suciedad o la limpieza de los urinarios.

Recep Tayyip Erdoğan libera a todos los periodistas presos y deja la política. Se convierte en corresponsal de un diario kurdo en Alaska. Bashar Háfez al-Ásad abandona Damasco y se convierte en un monje budista de la escuela Theravada. Ingresa en un monasterio laosiano.

El mejor y el peor de los tiempos

Publicado originalmente en "Periodismo Global, la otra Mirada".

historia en dos ciudades«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo». (Comienzo de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, en su versión castellana en prosa)

Andaba buscando un balance de 2018 e intentando adivinar tendencias para 2019, pero no quería recaer en un pesimismo, por otra parte más que justificado. Por supuesto, 2018 ha sido un año tan oscuro como 2017 y muchas de esas nubes negras amenazantes han descargado terribles tormentas. El lobo -el odio, el miedo, la xenofobia, el neofascismo- ya está entre nosotros y tendremos que acostumbrarnos a convivir con él, intentar mantenerlo a raya, evitar en la medida de lo posible sus dentelladas.

Orbiel y los fantasmas del “oro viejo”

mina de salsigneFue la mayor mina de oro de Europa, no queda sino una gigantesca contaminación”. Así empieza la información publicada por el diario Le Monde (5 de diciembre de 2018) sobre la mina de Salsigne, un lugar situado a una quincena de kilómetros de la ciudad de Carcasona (departamento de Aude, sur de Francia)

Entre finales del siglo XIX y 2004, aquella mina produjo toneladas de oro, plata y cobre. También algunos empleos para los lugareños. Pero la herencia que ha dejado es extremadamente venenosa. Millones de toneladas de desechos repletos de arsénico, azufre y bismuto. Las directivas europeas sobre uso de sustancias peligrosas -que restringieron el uso del plomo- han terminado ampliándose al uso del bismuto en la industria electrónica.

Durante los años de producción de la mina de Salsigne, el arsénico, el azufre y el bismuto se localizaban en las mismas rocas de las que se extraían los metales preciosos.  Durante décadas, aquellos restos se amontonaron en dos colinas que hoy tienen una altura de entre 250 y 300 metros. “El resultado es que las aguas y los suelos se enturbiaron de modo duradero en el valle del Orbiel, un río que discurre cerca”, afirma Le Monde.

A mediados de octubre hubo lluvias muy abundantes por la zona. Y crecieron mucho las corrientes de agua que esparcieron los restos de la contaminación. Esos flujos acuáticos contaminados se infiltraron –con seguridad- en las capas freáticas.

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