Publicidad, Propaganda Y Noticias Falsas

Fakenews1Hace 120 años, el 15 de febrero de 1898, el acorazado de segunda clase de la flota de Estados Unidos Maine sufrió una explosión mientras se encontraba en el puerto de La Habana, capital de la entonces española isla caribeña de Cuba. Este incidente fue el objeto del empeoramiento de las relaciones entre EEUU y España, que ya eran tensas desde los tiempos de John Quincy Adams, quien fuera el 6º presidente, de 1825 a 1829, y que propuso la compra de la Isla a la Corona española. La muerte de 260 marinos norteamericanos en lo que posteriormente se demostró haber sido un accidente debido a una explosión interna del buque fue utilizado por el magnate de la prensa sensacionalista, William Randolph Hearst, para avivar la confrontación entre ambos países y alentar el inicio de la guerra hispano-norteamericana.

Era la primera vez en la historia moderna que un medio de comunicación utilizaba como excusa, y también como provocación, para que EEUU iniciara una guerra de agresión contra otro país. El jueves 17 de febrero el periódico New York Journal de Hearst publicó: “Destruction of the war ship Maine was the work of an enemy” (La destrucción del acorazado Maine es obra del enemigo). En competencia con el monstruo de la prensa estaba Joseph Pulitzer con su New York World, que publicó el mismo día que “la explosión del Maine fue causada por una bomba o un torpedo”. Sin ninguna investigación de los hechos y tras numerosas noticias falsas acusando al gobierno español de asesinar a la población de la Isla, el presidente William Mckinley declaró la guerra a España el 25 de abril de 1898, que condujo a la derrota y pérdida de las colonias en el Caribe y en el Pacífico. McKinley era el mismo presidente que, poco después, participó en otra guerra de agresión junto a otros países europeos contra China en 1900, en la llamada 'guerra de los boxers'.

30 preguntas para debatir la comunicación sobre Europa

comunicacion europaCon el fin de comunicar mejor Europa creo que es necesario abrir un debate profundo y para ello nada mejor introducir al menos 30 preguntas en 12 bloques:

Las políticas de información y comunicación de la UE

  • ¿Han logrado cerrar la brecha entre las instituciones y la ciudadanía?
  • ¿Es posible una buena política de información sin una política institucional creíble?
  1. El papel de las instituciones a la hora de comunicar Europa

¿Se produce un exceso de información?

¿Son sus mensajes, burocráticos, distantes y técnicos?

¿Coinciden las políticas de la UE con las preocupaciones de los ciudadanos o con las prioridades de las élites europeas?

¿Es preferible una propaganda que genere falsas expectativas o la información crítica?

¿Por qué prima la prensa sobre la televisión?

¿Cómo mejorar el papel de las Representaciones de la Comisión Europea, oficinas del Parlamento o los Estados miembros y sus regiones y administraciones locales?

Noticias de Europa

noticias europaLa idea de una política eficaz de información y comunicación es algo que ha preocupado a los responsables comunitarios desde el comienzo del proceso de construcción europea, ya desde la creación de la CECA en el no tan lejano 1951.  Y ello, siempre con el muy loable y necesario propósito de acercar a los ciudadanos a las instituciones europeas (y viceversa) y de hacerlos partícipes y protagonistas de esa marcha laboriosa y problemática hacia una mayor integración, que estaba en el pensamiento de los padres fundadores de lo que hoy es la Unión Europea.

Las visiones y las estrategias sobre cómo despertar el interés de la gente por los asuntos europeos y por el trabajo de las instituciones, con sus dificultades, sus logros y sus fracasos, y de destacar la trascendencia de todo eso en la vida diaria de los ciudadanos, han variado en todos estos años, pero sus resultados han sido siempre muy limitados y en general muy frustrantes. La labor de los “funcionarios de Bruselas” (a los que es muy frecuente aludir con tonos reticentes y sarcásticos), el trabajo de los europarlamentarios, las reuniones y los encuentros de los líderes y hasta las grandes decisiones y los hitos en el camino de la unidad de Europa son percibidos como algo elitista, tecnocrático, distante, críptico y alejado de las realidades y los problemas cotidianos de la gente corriente.

Si se admite, como es el caso, que en su día el Tratado de Maastrich, fundamento de la UE, no se le supo explicar suficiente y eficazmente a la gente, lo que trajo consigo rechazos, controversias y malentendidos innecesarios y agotadores, es de temer que las cosas en ese terreno no hayan cambiado mucho. Y eso que la Comisión actual de Jean-Claude Juncker ha apostado por entrar en contacto con la opinión pública europea de una forma más directa, apelando a la transparencia, a una mayor responsabilidad ante los ciudadanos, al compromiso de  responder a las preocupaciones reales y a los puntos de interés e inquietud de la gente de la calle, a la que hay que convencer, con hechos, de las bondades de una Europa que se quiere integrada, unida y solidaria. La idea es… hacer cosas, y que las cosas, los hechos, hablen por sí mismos, y hablen bien de la Unión Europea.

Cómo se explica y se entiende Europa, en tiempos de volatilidad global y de impasse europeo.

periodismo europeoCómo hacer más y mejor periodismo europeo, es lo que nos convoca al seminario. En ese sentido, se trata de introducir más Europa en nuestro periodismo, sea por incluir y vincular mas la agenda comunitaria a nuestra cotidianidad informativa o, al revés, por buscar el ángulo europeo, la reflexión comparativa o continental de los asuntos nacionales y locales. Un enfoque algo distinto de la fórmula propuesta: "la manera más eficaz de comunicar Europa", se nos dice.

Comunicar, es función de los departamentos de las instituciones europeas -y por tanto también de las españolas-, mientras lo nuestro es el periodismo, como aclaró en un reciente artículo, la veterana Soledad Gallego-Díaz, al recomendar no confundir los departamentos de comunicación institucionales o corporativos con las redacciones.

Más allá del matiz, y para no repetir las sesudas reflexiones de los artículos ya publicados, unas pinceladas sobre las 4 preguntas que se nos han formulado: ¿sabemos los periodistas contar Europa; qué o quién nos lo impide; ¿qué nos falta para una buena cobertura y una adecuada pedagogía europeísta, y qué demandan los ciudadanos? Empecemos por el qué o quién....

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