Cameron contra Juncker: el 'chantaje' de la prensa británica ya no es lo que era

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Es la primera lección que no solo se imparte en la diplomacia sino en las escuelas inglesas: Inglaterra no tiene amigos, solo intereses. Tan metido tienen tal axioma en sus genes que la derrota sufrida por el primer ministro, David Cameron, en su empeño por vetar la candidatura del luxemburgués Jean-Claude Juncker a presidir la Comisión Europea, es percibida como una bofetada brutal contra todas las esencias mismas del Reino Unido.

Como suele ser una práctica habitual, los medios de información británicos, tan críticos e independientes respecto de sus compatriotas, se alinean patrióticamente sin fisuras con la línea de su Gobierno frente al adversario, enemigo e incluso el aliado ma non troppo. Cada uno, instituciones y prensa, es consciente de su papel en esa estrategia conjunta. Y, en este caso, la labor de la prensa ha consistido en intentar destrozar sin piedad la imagen del personaje que encarna a priori aquello de lo que abomina Cameron: más europeísmo, más construcción europea y menos prevalencia de lo nacional sobre lo comunitario.

Hacer frente a la crisis económica y sentar las bases para el empleo y el crecimiento sostenible

Barroso

La Comisión Europea ha trabajado incansablemente para evitar el hundimiento de las economías de la Unión, a raíz de la especulación y las burbujas crediticias propiciadas por la falta de regulación y supervisión de los mercados financieros, cuyas secuelas pusieron de manifiesto que muchos Estados miembros vivían por encima de sus posibilidades y no eran lo bastante competitivos.

Por otra parte, y a pesar de la gran interdependencia de nuestras economías, no disponíamos del marco de gobernanza sólido que habría permitido evitar políticas inadecuadas y hacer frente a la crisis cuando esta llegó. Durante los últimos cinco años, la Comisión ha sido el motor de las iniciativas ideadas para solucionar estos problemas.

En la actualidad, Europa ampara a los ciudadanos y contribuyentes mediante una regulación más estricta que protege el ahorro, hace que los bancos sean más responsables y limita las conductas arriesgadas de los banqueros. Hemos restaurado la equidad en el sistema y hemos dado pasos decisivos –impensables antes de la crisis– para crear una Unión Bancaria. Esto ha permitido mejorar la reglamentación del sector financiero y dotar a los reguladores financieros de herramientas más eficaces para supervisar a nuestros bancos, hacer frente a situaciones económicas adversas y proteger a los ahorradores.

Tertulia 29 de mayo

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De la desidia a la abulia, pero les salió mal

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Un 45 por ciento de participación. Digamos que el electorado no ha comprendido por qué estas elecciones eran diferentes.  Digamos que esta vez la abstención era crítica (“han ayudado a los bancos, no a la gente”) y no por desconocimiento del verdadero poder de las instituciones comunitarias; y concluyamos que aquellos que habíamos preconizado que precisamente por eso era una abstención combatible y unos abstencionistas recuperables para la participación, hemos fracasado. No hemos logrado sacar a la ciudadanía de la desidia en que se encontraba.

Claro que hay un aspecto de la cuestión que se nos escapa a los europeístas: ¿Qué ha hecho la clase política para sacudir la apatía del electorado? La respuesta es nada. Una clase política abúlica, enganchada a los manuales de campaña y lanzando a los cuatro vientos frases para imbéciles, alejadas por completo del sentido común y del nivel medio de la ciudadanía. Eslóganes de consumo interno para la militancia más acérrima y acrítica, la militancia de bolsillo, la que se lleva y se trae en autobuses para arropar al líder en el mitin que las cámaras del partido ofrecerán, con realización a la carta,  a las grandes cadenas de televisión.

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