Refugiados en Europa: Desmontando diez mitos
- Creado: Jueves, 24 Septiembre 2015 17:49
- Publicado: Jueves, 24 Septiembre 2015 17:49
- Escrito por Herman Grech
Publicado originalmente en voxeurop.eu
Si es Ud. un lector habitual del Daily Mail, entonces no podrá ser acusado de pensar que los refugiados que intentan entrar en Europa no son más que individuos que amenazan la civilización europea. Aunque la crisis de refugiados en curso actualmente está desafiando las capacidades de Europa, hay algunas creencias erróneas que el periodista maltés Herman Grech expone aquí.
Si bien la búsqueda constante de chivos expiatorios de los Nigel Farages y los Marine Le Pen de este mundo se interponen en el camino de un debate lleno de matices, reconozco que el flujo de inmigrantes hacia Europa se está transformando en un problema. Pero a menos que tengamos una varita mágica para erradicar las guerras y asegurar que la pobreza está destinado a ser un recuerdo de la historia, todos tenemos que aceptar que la inmigración ha llegado para quedarse y no hay alambrada que actualmente se erige en Europa capaz de impedir que la gente se desplace. Así que lo menos que podemos hacer es tratar de desmontar 10 mitos.
Hasta aquí hemos llegado
- Creado: Miércoles, 23 Septiembre 2015 18:57
- Publicado: Miércoles, 23 Septiembre 2015 18:57
- Escrito por Antonio Regalado. Bahía de Itaca
Publicado originalmente en Bahía de Itaca
“Estamos a cinco minutos de que el 27-S al cerrar las urnas se proclame la República de Cataluña. Hay que rearmar el Estado con el delito de secesión”.

Sabemos perfectamente por qué hemos llegado hasta aquí. Después de treinta y siete años de democracia tenemos que admitir que los separatistas, parapetados en el nacionalismo, ora apoyados en las pistolas ora en el terror dogmático desde la calle, la administración, la empresa y la escuela han ganado la primera batalla para romper España. Estamos a cinco minutos de que el 27-S al cerrar las urnas se proclame la República de Cataluña. Un golpe de Estado anunciado urbi et orbi por los propios representantes a quienes pagamos los salarios con nuestros impuestos Unos servidores públicos desleales y corruptos que juraron cumplir la ley y prevarican y se ríen del estado de Derecho ante la dejación de los gobiernos de la Nación desde el 82.
¿Que Europa quiere España?
- Creado: Jueves, 10 Septiembre 2015 18:56
- Publicado: Jueves, 10 Septiembre 2015 18:56
- Escrito por Cristina Manzano, directora de esglobal.
Una participación más decidida. Publicado originalmente en esglobal.

No muchos creían, algo más de una década después de haber ingresado en el club comunitario, que España sería capaz de entrar en el euro. Sin embargo, si la adhesión a las Comunidades Europeas marcó el fin del aislamiento exterior de España, formar parte de la moneda única desde sus inicios ratificó la voluntad española de participar, con todas sus consecuencias y con toda su profundidad, en un futuro europeo común.
La vocación europeísta de los gobiernos y de la sociedad española se manifestaron desde el principio en la calidad de los profesionales que fueron incorporándose a las instituciones comunitarias, en su intensa contribución a los debates y el diseño de políticas y en las altas cifras de apoyo de una opinión pública que veía en la Unión, mayoritariamente, un factor positivo para España. La prosperidad económica y social que experimentó el país se vinculó siempre a los beneficios de pertenecer a la UE; y a ello se sumó el éxito de la transición política, referencia frecuente para los Estados del antiguo bloque soviético que se incorporaban al club. Había una clara voluntad de estar en la cabeza de las ideas y de los progresos hacia una Europa más fuerte y más integrada.
Dicha voluntad fue diluyéndose de algún modo en los años previos a la crisis, ya fuera por dar paso a otras prioridades, por falta de estrategia o casi hasta por desidia. La realidad es que cuando llegó la tormenta económica pilló al país con las defensas bajas también en el terreno europeo, algo que contribuyó sin duda a complicar la situación, al no contar inicialmente con un respaldo decidido por parte de los socios.
Llama la atención que en esa brecha que se ha abierto entre países deudores y acreedores, en esa división geográfica y metafórica entre sur y norte, los primeros no hayan sido capaces de coordinarse y aliarse para plantear una mejor defensa de sus opciones ante los segundos. La apabullante sensación de que no hay alternativas al modelo impuesto por Alemania –cuyo culmen ha sido la resolución (temporal) del caso griego– es la puntilla para muchos ciudadanos, en España y en el conjunto de la Unión, que rechazan el determinismo de la canciller alemana, Angela Merkel, y de los mercados. Qué influencia puede tener esta creciente desafección en el futuro está por ver.
Tres décadas después, la conmemoración de la firma del Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas parece el momento idóneo para reflexionar sobre la Europa que se está (re)construyendo tras la crisis, la Europa a la que se quiere llegar y el papel que España puede y quiere tener en la definición y en la realización de dicho proyecto.
Pese a la pérdida de peso de nuestro país en los círculos de poder europeos, una serie de elementos ofrecen un sólido sustento a una posible renovada influencia española en ese debate. Por un lado, el hecho de estar liderando el crecimiento económico en una Unión todavía renqueante insufla una importante dosis de autoestima y de credibilidad tras años de críticas cargadas de estereotipos; por otro, el que pese a lo dramático de la situación vivida, la respuesta de la sociedad ha sido la protesta pacífica, con su máximo exponente, el 15-M, y no movimientos violentos ni radicales; por último, el que si bien ha descendido el respaldo a la UE por parte de la opinión pública española y aunque Bruselas se ha convertido en numerosas ocasiones en el chivo expiatorio de todos nuestros males, no han surgido partidos especialmente euroescépticos ni, sobre todo, han aumentado la xenofobia y el racismo, como sí está ocurriendo de modo muy preocupante en otros Estados europeos.
Junto a estos factores, España cuenta además con un importante capital humano e intelectual capacitado para aportar una mirada propia al debate sobre la Europa del futuro; podría asimismo liderar un proceso de reflexión que involucre al resto del Sur, entendido este en su sentido más amplio. Se trata de plantear una visión alternativa a la dominante actualmente, que recupere a los ciudadanos, por un lado, y que refuerce la UE como lugar de referencia en un entorno sumamente complicado, para que pueda volver a ejercer de inspirador e impulsor más allá de las fronteras de la Unión.
Es más, la fuerza de la naturaleza y la de los acontecimientos han colocado ya a España en la necesidad de tener que abordar, muy seriamente, algunos de los principales problemas globales, que forman también parte activa de la agenda europea. La batalla contra el extremismo islamista y la radicalización fuera y dentro de las propias sociedades europeas, la gestión de las migraciones o la lucha contra el cambio climático son solo algunos de los frentes en los que la aportación española podría y debería ser considerable.
Cuesta ver en el horizonte, sin embargo, la voluntad política para asumir ese papel. Inmersos en un día a día sumamente complicado y teniendo que recomponer aún muchos de los jirones causados por la crisis, no se percibe la confianza y el deseo necesarios para liderar, casi ni siquiera participar, en esa búsqueda real de alternativas.
No se trata (solo) de recuperar el espíritu de hace 30 años, ni de buscar un camino para que el país que vuelva a pasar por Europa. Se trata de contribuir decididamente a pensar y definir un gran proyecto sostenible y duradero, aquel en el que quiera enmarcarse, además, el futuro de España.
Los muros de Europa
- Creado: Domingo, 06 Septiembre 2015 14:36
- Publicado: Domingo, 06 Septiembre 2015 14:36
- Escrito por Rafael Díaz Arias
Publicado originalmente en Periodismo Global, la otra mirada

Como millones de europeos he disfrutado de mis vacaciones en el Mediterráneo. Mientras, centenares de miles trataban de superar el muro líquido. Miles han muerto en el intento. Nuestra pasividad es culpable. No basta sentir compasión. Voluntarios y ongs (Médicos Sin Fronteras rescatando naúfragos) no pueden salvar la responsabilidad de todos. Es hora de que la indignación fuerce un cambio de política en los estados y en la Unión Europea. Pero al menos en España todo el mundo está en campaña electoral y no parece que la acogida de los que, simplemente, buscan una vida digna, vaya a estar en lo alto de la agenda.
Que salvado el Mediterráno los muros y las fronteras se multipliquen de un país a otro es un fracaso de la Unión Europea. Es consecuencia de la falta de una política de asilo e inmigración común.
La inmigración económica no se detendrá mientras la brecha económica entre las dos orillas sea gigantesca. Promover desarrollo y democracia son las soluciones a largo plazo para que nadie se vea forzado a buscar un futuro mejor lejos de su tierra. Pero ahora el motor de la crisis son las guerras de Libia, Irak, Siria, Sudán, Afganistán, Eritrea.


