Grecia, exangüe tras cinco años de rescates y tres meses de gobierno populista

  • Tsipras sigue tensando la cuerda con sus acreedores de la UE y el FMI, a quienes exige que no escojan "el chantaje financiero"
  • Hasta Obama ha pedido al Gobierno de Atenas que adopte las "medidas duras" que se imponen para mantener a Grecia dentro del euro

  • En el orden social, un 40% de los griegos vive ya en la pobreza con un aumento del 37% en la tasa de suicidios

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A Atenas le faltan 7.500 millones de euros para completar el segundo rescate, último tramo no abonado al interrumpirse el cumplimiento de las condiciones exigidas por los socios y acreedores de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se celebraron elecciones generales, ganadas de manera arrolladora por la extrema izquierda encarnada por Syriza, cuyos dirigentes siguen sin llegar a un acuerdo con la antigua Troika, tanto para el abono de ese último fleco como para respaldar una nueva línea de crédito.

Casi coinciden esta semana en el tiempo el primer trimestre del nuevo gobierno heleno y los cinco años transcurridos desde que el 23 de abril de 2010 el entonces primer ministro, Yorgos Papandreu, destapara las mentiras de las cifras de déficit comunicadas a Bruselas y solicitara el primer rescate, poniendo consiguientemente al país bajo la lupa y tutela de los denominados hombres de negro.

Movimiento Europeo: censura versus libertad de expresión

CENSURA

INCREIBLE. El Movimiento Europeo (CFEME, según las siglas de su rama española) me había pedido un artículo “sobre la libertad de expresión como valor europeo en relación con los atentados de Charlie Hebdo y tras la unión que se vio al respecto entre los dirigentes de los 28 estados miembros”.

Basándome en esas dos ideas, envié el texto el 26 de marzo, fecha límite que me habían marcado. El 17 de abril recibo una llamada telefónica del Secretario General del CFEME, donde me comunica que el contenido de mi artículo no es aceptable para su newsletter (quizá deberían decir “boletín” en español). Hizo una vaga referencia a “los partidos políticos” presentes en el CFEME, como origen del ¿rechazo? ¿censura? ¿Lo podemos llamar censura? 

El Movimiento Europeo dice defender una Europa democrática, garante de los derechos humanos y de las libertades. La llamada que recibí el 17 de abril es una prueba- de que no siempre es así. Al menos una. La hipocresía de muchos, que mencionaba desde el título, queda probada.

 

 

Europa: la libertad de expresión, entre la hipocresía y la rutina

CHARLIE

La libertad de expresión es un derecho asumido en la Unión Europea. Pero esa asunción es apenas una idea anclada en nuestra rutina mental. Apenas consideramos las dificultades con las que tropieza su práctica efectiva. En el primer trimestre de 2015, por ejemplo, más de un tercio de los periodistas asesinados en el mundo lo han sido en dos países europeos (Francia y Ucrania).

De modo que las reacciones, en su mayoría muy emocionales, que vivió Europa tras los asesinatos de Charlie Hebdo fueron un revulsivo, sí, pero dieron lugar a situaciones equívocas; sobre todo por la presencia de jefes de Estado o de Gobierno en la multitudinaria manifestación de París.

Al ver a Angela Merkel -ejemplo menor- alguien recordó que Alemania conserva la blasfemia como delito, lo mismo que Dinamarca, España, Holanda, Polonia y Grecia. Todos esos países europeos se defienden diciendo que no aplican sus legislaciones contra los “blasfemos”. No parece buen argumento para oponerse al bloque (Arabia Saudí, Irán, varios países asiáticos) que desde hace años intenta –peligrosamente- convertir la blasfemia en delito universal reconocido por la ONU.  En Irlanda, cuya primera ministra, Enda Kenny, estuvo también París, no sólo se mantiene una mención constitucional específica, sino que en 2010 entró en vigor una nueva ley contra la blasfemia.

Nadie es perfecto.

perfectoReflexiones sobre el suicidio de un piloto (alemán).

Conducía yo en Berlín desde mi casa hasta la oficina, por una zona industrial junto al río Spree, con poco tráfico, de calles anchas de tres carriles. Llevaba viviendo varios años en la ciudad, todavía no capital de la Alemania reunificada, disfrutando del amable carácter alemán.

Paro en un semáforo y, de pronto, escucho una voz llegada desde los cielos, algo parecido a lo que debió experimentar Moisés cuando Yahvé le iba a entregar las Tablas de la Ley. Miro a la derecha y veo a tres metros de altura al conductor de un camión  parado a mi lado, gesticulando. Abro la ventanilla y le pregunto: “¿Qué pasa?” “¡Lleva el intermitente puesto!”, me grita. ¡Oh, Señor!, he cometido un gran error en el país dónde todo es perfecto, dónde todo deber ser perfecto. ¡Me he olvidado de quitar el intermitente!

Se abre el semáforo y sigo conduciendo, apesadumbrado por la gravísima falta cometida.

En el siguiente semáforo volvemos a parar en paralelo el camionero y yo. Abro la ventanilla derecha, le miro y le pregunto: “¿Es usted perfecto?” El conductor se quedó boquiabierto, sin respuesta. Seguramente siguió su camino meditando sobre su vida, haciendo un repaso a los errores que podría haber cometido, sometido a un profundo análisis psicopatológico de la escuela argentina.

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